Víctor Álamo: No creo en la literatura sin vuelos de poesía

Almudena Cruz

La Opinión de Tenerife

Santa Cruz de Tenerife

http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008042100_8_141519__CULTURA-Victor-Alamo-Rosa-creo-literatura-vuelos-poesia

Acaba de presentar en Tenerife -después de tres años de andadura por las librerías de medio mundo- su última novela, Terramores, y ya piensa en su próximo objetivo editorial, un libro de poesía. Como filosofía vital y literaria se traza la de la huida de la mediocridad,”este libro es una apuesta por la pasión”, asegura Víctor Álamo.

-¿Qué significa y dónde está Terramores?

-Es una invención, una forma de unir las palabras tierra y amor sin que suene a telenovela. En cuanto a la ubicación, el espacio narrativo vuelve a ser Isla Menor, el trasunto literario de la isla de El Hierro. Es una metáfora del amor vinculado con lo subterráneo, con las galerías, grutas, laberintos y pozos que atraviesan nuestras islas. Todo como imagen de las turbiedades que desencadena el amor. Este libro es una apuesta por la pasión, por no vivir a medias, por escapar del gris y la mediocridad. Creo que hay que vivir plenamente, eso es algo que me obsesiona.

-Escribir sobre el amor… todo un reto, ¿no es cierto? ¿Cómo evitar caer en lo cursi?

-Cierto. Me costó bastante, quería evitar lo tópico y, como tú dices, lo cursi. Sin embargo, la metáfora de los amores subterráneos me ayudó mucho en este aspecto. Tenía muchas ganas de abordar este tema y, para eso, empleé dos historias que se entrecruzan. Una feliz, la de una historia de pareja placentera, en contraposición a la de una pareja infeliz que termina por ser un trío que abarca a más de tres personas. De forma un tanto irónica, me dedico a indagar en la raíz de las de la pasiones y todo lo que las envuelve, los celos y las suspicacias.

-¿Cierra con esta novela la trilogía que inició con El año de la seca (1997) y Campiro que (2001)?

-En realidad, más que una trilogía yo hablaría de una tetralogía. Aunque mucha gente no lo sabe, yo inicié la saga en 1994 con El Humilladero. Fue mi primera novela y le guardo mucho cariño, con ella inicié mi mundo narrativo. Hay que dejar claro que son novelas independientes, cada una respira por sí misma, no es necesario leerlas todas. Lo que he intentado es crear mi propio espacio, tal y como hicieron antes escritores como Gabriel García Márquez, Juan Cruz o Isaac de Vega. Una especie de supranovela con guiños entre los personajes y los espacios.

-¿Qué nos puede contar acerca de los personajes con los que ha nutrido y el tiempo en el que ha colocado la historia de Terramores?

-Curiosamente, la acción está aparentemente ambientada en la posguerra aunque, a medida que avancé en la obra, fui levantando un espacio distinto, un tiempo fuera del tiempo. Hice convivir a esos personajes con el terrorismo e, incluso, hice arribar alguna patera. Mi personaje favorito es Manuel el huido, basado en un herreño que fue nombrado alcalde durante la República y cuyo mandato duró sólo un día. Pasó el resto de su vida escondido en una cueva y escribiendo cartas a su amada.

-Su trabajo ha sido siempre más reconocido y valorado en el extranjero, en países como Francia, Italia o Brasil. ¿Sigue esta siendo la constante?

-Siempre he tenido ciertas dificultades en el mercado español. Antes era un asunto que me preocupaba pero ya lo he aceptado como una realidad. Terramores ha vivido, de nuevo, el periplo habitual de mis libros. Fue publicada en Francia en 2005 y, tres años después, llega a España. Quizás al ir contracorriente, al ser una obra un tanto exótica, es vista con mejores ojos fuera del mercado nacional.

-¿Es posible vivir, o sobrevivir, en Canarias siendo escritor?

-La sociedad canaria no demanda, todavía, literatura canaria. Y mucho menos novela. No hay una tradición lo suficientemente fuerte si lo comparamos con la poesía, donde las Islas ocupan un lugar importantísimo pese a su corta historia. Si queremos un futuro, los novelistas canarios estamos obligados a mirar fuera. Cuando consigamos que el pueblo canario demande novela canaria todo empezará a cambiar. Esta es una labor de las administraciones, claro. “Escribo para oír las voces del pasado.” Respecto a su faceta poética, Víctor Álamo adelantó que, en breve, tiene previsto elaborar un libro de poesías. “Cada vez estoy más interesado en la poesía. Es un género que nos lleva a los novelistas una vuelta de ventaja, es la máxima expresión de la literatura. Sigo dedicado a la poesía, nunca la he abandonado. Me he vuelto más exigente en esta faceta, ya no es la poesía que escribí en la adolescencia, es mucho más madura”, aseguró. No obstante, añadió, “no creo en la literatura que no tiene los vuelos de la poesía. No creo en la narrativa plana, sin recovecos. La poesía es, sin duda, es mi principal fuente de inspiración”. Preguntado acerca de los motivos que lo impulsan a escribir, el autor fue tajante y directo. “Escribo para oír las voces del pasado que todavía tienen mucho que decirnos. Para servir de oído a todas esas historias y palabras. Somos aquello que nos precede, el mundo va demasiado rápido y hay muchas de esas cosas que contar”.

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Profundidades de España: un microcosmos rural de Antonio Ansón

Eva Soler

El Levante. El mercantil valenciano

Valencia

En aquel tiempo todavía sonaba la canción de Bob Dylan Knockin’on Heaven’s Door —mucho antes de que Guns N’Roses o Avril Lavigne la versionaran— y Europa de Carlos Santana, mientras los mozos del pueblo se emborrachaban como de costumbre en el bar La Rambla soportando a Juan el Francés que cantaba con su guitarra sin cuerdas como Nat King Cole —o eso pretendía— hasta la hora de cierre o haciendo demostraciones de ese arte oriundo de Valcorza que era beber a canaleta. Eran los tiempos en que los jóvenes todavía no conocían los lóbregos poderes de la farla y, a lo sumo, llegaban a probar los porros en la cueva del Señor Decker, antiguo Eladio Casasús, único librepensador del pueblo. Cuántos mitos perdidos desde que somos europeos.

Valcorza es la protagonista de esta ágil y ocurrente novela de Antonio Ansón de treinta y nueve brevísimos capítulos. Un pueblo que ha ido viendo morir a sus protagonistas, quienes, desde el más allá o el más acá —«En el cementerio de Valcorza nos han ido enterrando a todos. Uno tras otro»— van desgranando las historias de cada cual, personajes de un universo que ha ido desapareciendo en una España que ha ido mirando siempre a Europa a su manera y sin dejar de sentir una mezcla de orgullo patrio y complejo de inferioridad. Se trata de una generación —la que fue adolescente en los setenta— que ha tenido que ir adaptándose a la modernidad a salto de mata y casi sin tiempo de poder reflexionar por qué no todos los negros cantan como Nat King Cole o Antonio Machín y porqué cuarenta años de dictadura no han conseguido hacer olvidar a los rojos arrastrados a las tapias del cementerio «aullando como perros, para limpiar Valcorza de aquella peste».

Poco tiene que ver esta novela con el discurso nostálgicamente desaborido de L’Alqueria Blanca o Cuéntame cómo pasó. En la narrativa de Antonio Ansón se habla claro y alto, con sorna y desparpajo de la España profunda que todavía muchos llevan dentro: la de los curas con sotana, los pastores violadores de ovejas, los galgos ahorcados, los alcaldes fachas y las putas por vocación. Cada personaje es un mito en sí mismo y un arquetipo de lo que todos hemos conocido por nacimiento o de visita en las aldeas del interior, ésas con un único ultramarinos que igual vendía medias que chorizos, un cine de doble sesión donde se comían chicles Bazoca y un casino para los ricos del pueblo. Están todos: la viuda alegre, el cartero-pregonero, el galán de prostitutas, el sargento de la Guardia Civil, el rimador profesional, la santa patrona y el tonto del pueblo.

Con apenas un libro de narrativa publicado El limpiabotas de Daguerre (2007), se nota que el autor maneja como nadie los hilos de la imagen a través de sus trabajos en el campo de la fotografía. La narración de Ansón —no confundir con la del famoso Lord— es viva y trepidante y recuerda a las novelas más gamberras de Eduardo Mendoza y a esas escenas salvajes y escatológicas del maestro Luis Mateo Díez. Hacía tiempo que no aparecía una novela tan divertida en el panorama editorial español y, desde luego, es una lástima que lo haga de una forma tan «marginal» por la consecuente distribución: dudo que la veamos en nuestras pobres y huérfanas librerías de provincias.

Sorprende que la novela se publicite como una historia sobre la transición española cuando, desde luego, de todo hay menos una referencia explícita a la transición a la democracia, a no ser por el alcalde de izquierdas, la movida y el cura progre de misas conceptuales y cinefórum.

Lo que sí, la apertura a los nuevos tiempos, estos de la globalización y las nuevas formas de imperialismo, los del pelotazo y la burbuja inmobiliaria, los de los senegaleses recogiendo tomates y los jóvenes poniéndose ciegos a pastillas en descampados «donde crecieron en tiempos espigas de trigo como puños».

Se publica en España ’Terramores’, nueva novela de Víctor Álamo de la Rosa

Redacción

Diario de Avisos

Santa Cruz de Tenerife

La nueva novela de Víctor Álamo de la Rosa, titulada Terramores, llega estos días a las librerías españolas, publicada por Artemisa Ediciones, después de haber sido editada primero en Francia, donde fue saludada como una de las mejores novelas extranjeras editadas en el país galo. Esta nueva obra del novelista canario se presentará el próximo jueves 17 de abril, a partir de las 20.15 horas en el salón de actos de la Mutua de Accidentes de Canarias (MAC), en la casa Elder, en el transcurso de un acto que contará con unas palabras a cargo de Antonia Molinero, directora de la Escuela Canaria de Creación Literaria, y con la presencia del autor, quien desvelará los entresijos de su nuevo texto. La nueva novela de Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969), uno de los escritores más traducidos de la literatura canaria, vuelve a ambientarse en la Isla Menor, trasunto literario de la isla canaria de El Hierro, territorio narrativo donde el novelista ha situado sus exitosas novelas anteriores, El año de la seca y Campiro que. Con Terramores el escritor propone al lector “una aventura que entrecruza varias historias de amor que ocurren bajo tierra, a escondidas, en cuevas, pozos, aljibes y tubos volcánicos, para subrayar la naturaleza truculenta de los amores subterráneos, oscuros, desbordantes de pasión”, explica este escritor, cuyas novelas han sido publicadas en numerosos países, como Francia, Portugal, Venezuela, Brasil y Croacia, entre otros. En cuanto a su producción literaria, el escritor y periodista canario, que este mismo año fue galardonado con el premio de Creación Literaria Alfonso García Ramos que concede el Cabildo de Tenerife, ha confesado que “voy construyendo una especie de saga novelesca, o trilogía, porque Terramores comparte con las anteriores una misma ambientación geográfica, El Hierro, pero también son novelas que se prestan personajes para hacer juegos y guiños metaliterarios. La idea es ir levantando, novela a novela, un gran friso narrativo”.