El triunfo de la forma

Luis García Jambrina

ABC de las Artes y las Letras

Madrid

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9430&num=843&sec=32

Carlos Jiménez Arribas (Madrid, 1966) es uno de los principales defensores y estudiosos del poema en prosa en España. Sobre este género, ha escrito un importante libro titulado El poema en prosa en los años setenta en España (UNED, 2005) y ha preparado, junto a Marta Agudo, la edición de Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005) (DVD, 2005), donde se recoge un rico muestrario de una treintena de poetas nacidos a partir de 1950 y «no canonizados por la historiografía» literaria. En Darwin en las Galápagos, su segundo poemario -el primero, ya maduro e intenso, fue Manual de supervivencia (Bartleby, 2002)-, demuestra ser también un destacado y original cultivador de esta forma de poesía.

Punto de inflexión

Fascinado por los animales y por el mundo natural, el autor viajó hace dos años a Mongolia para contemplar los últimos caballos salvajes de la tierra. También para indagar sobre sí mismo; no en vano iba a cumplir allí cuarenta años, la mitad del camino de su vida, un obligado punto de inflexión. Y, en la mochila, se trajo el borrador de Viaje al ojo de un caballo. Veinte días en Mongolia (Artemisa, 2007), un hermoso y lúcido libro que, en mi opinión, cabe leer en contrapunto con el que aquí nos ocupa, tan poblado de animales y de miradas, pues entre ellos hay numerosas y secretas conexiones y una común intención de trascender los géneros literarios.

Como es sabido, la estancia de Charles Darwin en las islas Galápagos, en el curso de su viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle, fue fundamental para el alumbramiento de su teoría sobre la evolución de las especies. En el poema que da título al libro y a la última sección del mismo, Jiménez Arribas imagina el epifánico encuentro entre el famoso naturalista y un ejemplar de tortuga gigante («Testudo elephantopus, ese es el nombre, la variación en el espacio de lo mínimo, un atributo de color, de ser, más denso en las costuras de la especie»). Si, en ese instante, el biólogo hubiera mirado bien, habría  descubierto que las variaciones pueden ser un capricho de la vida, y no el resultado de un proceso de selección natural: «Todo triunfo es de la forma, Charles. Mira despacio al cuerpo que no duda: en la seguridad del paso avanza algo más alto que la ciencia, un estupor que el animal traduce en cuello erguido y añoranza del marfil. Y posibilidad de trompa» Antes, ya había dicho, a propósito de la vaca: «Triunfa lo que excede, vertical, a la osamenta».

Periplo exterior e interior

En este libro, que es, de alguna manera, el itinerario de una expedición, los animales escapan al ojo escrutador de la ciencia y a su continua voluntad de clasificación. No hay mirada científica que los contenga. La evolución aquí parece regida por un impulso ascensional: «Todo lo que nada o vuela alguna vez vivió en el fondo de la tierra y paga ahora el diezmo súbito del sueño». También el hombre, en cuanto proyección de la mirada del animal, está imbuido de ese afán de verticalidad: «Soy el hombre, como el árbol, que se eleva hacia la luz y descubre el dolor, la paciencia. Sabe que en sus raíces hay un hombre aún más alto. Un hombre, como un árbol, que cree que es fiel a la mirada del mundo; fiel a la forma del pájaro».

En su periplo exterior e interior, el yo lírico logra salir del «laberinto de sí mismo» para identificarse con lo otro en un tiempo y un mundo originarios: «La luz y sus estados primordiales, el mundo inmune de las formas: soy lo que amo en esa ave que no vuela, en esa ave tan pequeña». Pero no se trata de verse reflejado en el animal, sino de que éste se proyecte en él, tal y como sugiere la cita que encabeza el libro, procedente de una canción maorí: «Existe el animal, la fiera en mí que a voces vino».

En cuanto al lenguaje, destaca su limpidez, su original simbolismo y su carácter visionario. Por otra parte, no faltan las referencias pictóricas en la sección «Encantamiento del marinero» («La sombra queda fuera de la línea. La luz, dentro. Intercambiables como son, vida y muerte perseveran a ambos lados de lo inédito. En el trazo»). Nos encontramos, en fin, ante un libro singular, unitario y muy reposado, fruto de un largo proceso de depuración y de maduración. Un libro que podría leerse en clave metapoética. ¿Acaso el poema en prosa no tiene algo de caprichosa variación de esa especie cada vez más diversa, a pesar de las continuas amenazas de extinción, que es la poesía? El triunfo de la forma, en definitiva.

El miedo

Laura Castro

solodelibros.es

Oviedo

http://www.solodelibros.es/26/03/2008/el-miedo-guy-de-maupassant/

El miedo recoge cinco relatos de Guy de Maupassant que, sin ser sobrecogedores, recogen algunos de esos miedos idiotas que todos albergamos o esos otros que en momentos puntuales han logrado erizarnos el cabello.

La fluidez de la prosa de Maupassant nos lleva a identificarnos con lo cotidiano que hay en estos relatos, con las vidas que transcurren por los cauces habituales hasta que lo insólito, ya sea algo inexplicable, ya sólo una alucinación, irrumpe con fuerza, trastocándolo todo. Y es en lo extraordinario donde el refinamiento propio de Maupassant hace su entrada para narrarnos la tortura de los sentidos alucinados, de la mente golpeada por lo fantástico.

Porque estos cinco relatos nos hablan precisamente de ese miedo provocado por lo que juzgamos sobrenatural, aunque a veces simplemente sea un error de nuestros sentidos: no el miedo que sentimos cuando nos sabemos en peligro, el miedo al dolor, a la muerte o a la enfermedad, sino ese miedo irracional que enraíza en la superstición y del que no podemos librarnos.

Así se explica precisamente en “El miedo”, el relato que da nombre a esta pequeña antología, en el que un viajero narra a sus compañeros dos experiencias escalofriantes en las que sintió “el auténtico miedo”, el que nos embarga en situaciones en las que resulta difícil mantener el control y una fuerza poderosa nos paraliza y nos hace perder la cabeza, a veces a plena luz del día o bien porque de alguna manera somos contagiados por el terror general, como si de una psicosis colectiva se tratara.

El miedo y el humor se mezclan en “Junto a un cadáver” en un relato macabro pero delicioso. En él, la vigilia de dos discípulos junto al cuerpo de Schopenhauer se convierte en una experiencia que, si bien vista desde fuera resulta jocosa, al narrador le resulta aterradora. Aun cuando la explicación racional al momento estremecedor que ha vivido cierre la historia, logrando arrancar una carcajada al lector.

Las malas pasadas que puede jugarnos nuestra mente también tienen su lugar en esta breve colección de relatos. Así en “Él” una impresión errónea, una simple sombra, se convierte en una presencia perversa que enturbia la paz de un hombre que, aunque consciente de que todo es producto de su imaginación que vio lo que no existía, no logra encontrar de nuevo el sosiego y necesita para siempre estar perpetuamente acompañado.

“¡Quién sabe!” es tal vez el más elaborado de estos relatos. Su tema es sorprendente: en él no hay cadáveres, no hay sombras, no hay fantasmas que regresan de la tumba y sin embargo su protagonista vive una historia sobrenatural que altera su vida y que además tiene un extraño desenlace que acabará por conducirle a una casa de reposo donde le atormentará la duda de si aquello que vivió fue real. Y esa duda se traspasa al lector, quien no sabe entonces si lo narrado es un delirio o un acontecimiento verídico, pues la coherencia y la claridad mental del narrador nos invitan a creer en su lucidez, pero lo inverosímil de su historia nos lleva a pensar lo contrario.

Maupassant toca en estos relatos el horror sin caer en temas manidos, jugando con la idea de que ese miedo irracional que a veces nos embarga entronca directamente con aquellas partes desconocidas de nuestra mente o nuestra alma que permanecen en a oscuras y de cuyas tinieblas puede surgir el espanto.

En busca del lector diferente

Martín Gómez

La Vanguardia (Culturas)

Barcelona

http://www.ediciona.com/en_busca_del_lector_diferente-dirpi-106.htm

A los 17 años me inicié como lector con algunas de las grandes obras del boom latinoamericano y desde entonces Barcelona ha sido para mí una ciudad emblemática del ámbito literario en castellano. Como entonces quería saberlo todo sobre los autores que leía, husmeando en sus biografías descubrí que la capital catalana había sido clave en la trayectoria literaria y vital de algunos de ellos. Como París o Ciudad de México, la Barcelona de finales del franquismo acogió a numerosos escritores hispanoamericanos que habían optado por el exilio, algunos por razones culturales y otros huyendo de las dictaduras. En Barcelona se publicaron las obras de Carpentier, García Márquez, Cabrera Infante, Donoso, Cortázar, Puig o Vargas Llosa: la ciudad fue un importante foco de desarrollo de la literatura latinoamericana por la acción de personajes que intuyeron su gran potencial, como Carlos Barral y Carmen Balcells, y porque varias editoriales de la ciudad publicaron algunas obras que los escritores que estaban exiliados no podían publicar en sus países de origen.

Luego Barcelona se convirtió en mi principal referente de la literatura contemporánea porque mediante Anagrama, Tusquets, Seix Barral, Bruguera, Lumen y Acantilado conocí a algunos clásicos del siglo XX como James Joyce, Virginia Woolf, Stefan Zweig, Fernando Pessoa, John Cheever, Imre Kertész, Truman Capote, Ryszard Kapuscinski, Sergio Pitol, Umberto Eco, Raymond Carver, Julian Barnes, Enrique Vila-Matas, Martin Amis o Roberto Bolaño.

Atraído por su intensa actividad en el campo de la edición, llegué a Barcelona en el 2005 y hace un año monté el blog [el ojo fisgón] para llevar un registro sistemático de las observaciones sobre las tendencias del mercado editorial que venía haciendo desde hacía un tiempo. Gracias al blog he entrado en contacto con editores independientes de distintos lugares de España y he conocido personalmente a varios de los que están en Barcelona.

El estado actual de la edición independiente es uno de los aspectos del mercado editorial español que más me ha interesado. Es llamativo que sigan apareciendo pequeñas editoriales pese a la creciente concentración de la propiedad en la industria editorial, a la sobreproducción de títulos y a la supuesta saturación del mercado. La estrategia de algunas de estas editoriales para abrirse un lugar en un mercado que tiende a la homogeneización consiste en diferenciarse construyendo un catálogo con un registro propio que busca sintonizar con las necesidades de pequeños nichos de lectores con intereses específicos.

Durante los últimos años han aparecido en Barcelona varias editoriales que al darles matices tan diferentes a sus catálogos han contribuido a la diversificación de la oferta a la que puede acceder el lector. Entre ellas se destacan Minúscula, que aborda la literatura de Europa Central y del Este; Global Rhythm Press, que se ocupa del mundo de la música popular contemporánea, de la narrativa escrita por mujeres y del ensayo sobre temas diversos; Melusina, dedicada a un ensayo de corte anglosajón con un horizonte más amplio que el del público especializado; Libros del Asteroide, que se centra en clásicos contemporáneos que no se habían traducido antes al castellano; Cabaret Voltaire, consagrada a las vanguardias francesas y a la literatura del exilio; y Marbot, que publica ensayo de ciencias humanas, narrativa experimental y clásicos. Además de las veteranas Quaderns Crema y Bromera, en el ámbito de la edición independiente en catalán me han llamado la atención Edicions de 1984, Angle, Edicions la Guineu y Salobre.

En un mercado cada vez más segmentado en el que se configuran nuevos circuitos a los que los grandes grupos no llegan, la experiencia de estas y otras editoriales independientes de diferentes ciudades -como Periférica, Artemisa, Gadir, Del Viento, Impedimenta o Veintisieteletras- sugiere que los nichos son el lugar propicio para ofrecer un producto cuidadosamente elaborado y hacer apuestas que sean innovadoras y que permitan crear una identidad que actúe como rasgo distintivo.

En un momento de grandes cambios, es probable que estemos frente al inicio de un relevo generacional y que en un futuro algunas de estas editoriales representen lo que hoy en día encarnan Anagrama, Tusquets, Siruela o Acantilado. Me gusta este aspecto del mercado editorial español, observar su evolución y, ante todo, vivir en una ciudad donde quienes queremos dedicarnos a los oficios de la edición podemos vivir de los libros.

Terrores magistrales

Leoncio González

Canarias 7 (Pleamar)

Las Palmas de Gran Canaria

Cinco relatos de miedo, cinco, del gran maestro francés del cuento Guy de Maupassant. Esto es lo que nos propone, bajo una bella factura editorial (de su colección dedicada a los clásicos de la literatura universal), Artemisa Ediciones. Este sello ha recuperado y traducido cinco pequeñas joyas del escritor francés, y las ha agrupado bajo el título de la primera de ellas, El miedo. Un librito sin desperdicio.

Al escribir estos cuentos Maupassant lució su fluida pluma, y la usó para describir, como si se tratase de un pintor realista, cinco circunstancias asociadas a los temores más profundos del ser humano.

Estos cinco cuentos exponen el miedo observado desde diferentes ópticas, recelos distintos, situaciones extrañas, pero todas unidas bajo un denominador común: el escalofrío que nos recorre la espalda cuando nos asombramos frente a lo desconocido.

Para el lector amante del relato breve, este pequeño volumen se conforma como un atractivo regalo. Maupassant dominaba el arte del cuento corto con tal maestría que estas piezas, llevaderas y perfectamente estructuradas, son un ejercicio de estilo que sólo algunos autores pueden llegar a poner en práctica, y que en algunas ocasiones, por su sencillez, evocan a las narraciones de Anton Chejov.

La literatura francesa de finales del XIX recuperó con este autor, y su afán por mezclar fantasía y realidad, un eslabón que quizás se había perdido tras el crudo realismo y el naturalismo de Flaubert o Zola. Pero volviendo al libro en cuestión. El autor, que algunos críticos de literatura fantástica han situado a la altura del mismísimo Edgar Allan Poe, usa todos sus resortes literarios con extrema soltura y, en estos cinco relatos, titulados “El miedo”, “Un caso de divorcio”, “Junto a un cadáver”, “¡Quién sabe!” y “Él”, hace un sutil recorrido por los oscuros vericuetos de las turbaciones humanas, las que generan las situaciones que van más allá de lo material, de lo real, y las que de ninguna de las maneras se pueden explicar. Dotado de una ironía mordaz, el francés usa resortes cas calcados en estos cinco cuentos (todos comienzan in media res, en los cinco los protagonistas juran y perjuran que no le temen a nada…) en los cuales la realidad queda ocultada tras el velo de lo sobrenatural.

Maupassant llegó a escribir más de 300 cuentos a lo largo de su corta vida (sólo vivió 43 años); en muchos de ellos reflejaba las alucinaciones y sufrimientos mentales que él mismo sufría debido a la sífilis que padecía. En 1893 murió, completamente loco.

Artemisa publica “Terramores”, la novela de Víctor Álamo que ha recibido los mayores elogios de la crítica francesa

Gabinete de prensa

Artemisa Ediciones

Madrid

Finalista del prestigioso Prix Fémina 2005 a la mejor novela extranjera editada en Francia, Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969), ha sabido “llamar la atención del público y de la crítica”, en palabras del Nobel de Literatura José Saramago, prologuista de su novela El año de la seca. Traducido a varias lenguas, sus obras han sido publicadas en Francia, Brasil, Venezuela, Portugal, Croacia, entre otros países, antes, incluso, que en España. Terramores, la última novela de este escritor, llega ahora al lector español, después de su éxito en Francia, donde su narrativa ha cosechado unánimes elogios de la crítica.

“Esta novela está plagada de personajes caídos en desgracia. traicionados por el destino, que surgen de la pluma de un gran narrador capaz de combinar lirismo y ferocidad.” –Lire.

“Una novela en la que el autor indaga en el alma humana, adentrándose en sus rincones más sombríos. Un texto cuyo aire lírico hechiza al lector.” –L’Hemicycle.

Fragmento

Lo que le puede pasar a un burro, pobrecillo, lo que le puede pasar a un burro en esta Isla de los demonios es difícil de Imaginar. Hoy como quien dice el burro de lnocencio se escapó y se puso ciego de higos de leche, ciego, porque a la mañana siguiente no veía tres montados en un burro, esto es, que no veía nada de nada, porque al animal se le subió el azúcar, el azúcar de los higos blancos, que es mucho muchísimo, y el azúcar se le quedó nadando en los ojazos, grupúsculos de azúcar dándole vueltas y más vueltas en las retinas hasta convertirlo en un burro inservible. lnocencio lo sospechó cuando fue a la cuadra y el animal, en pie, ni se movía.

El autor / Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969) ha publicado las novelas El humilladero (1994), El año de la seca (1997), Campiro que (2001) y Terramores (2007). Su obra ha sido publicada en varios países, como Francia, Brasil, Venezuela, Croacia, Portugal, entre otros. Su novela El año de la seca cuenta con un prólogo del Nobel José Saramago, mientras que L’ile aux lézards (traducción francesa de su novela Campiro que, fue finalista del Prix Fémina a la mejor novela extranjera editada en Francia en 2005, cosechando elogiosas críticas en Lire, Le Monde, Le Figaro, entre otros medios de comunicación del país galo). Es. asimismo, autor de varios libros de poesía, reunidos en la antología Mar en tierra (2002).

El valor de educar

Juan Malpartida

ABC de las Artes y las Letras

Madrid

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9274&sec=32&num=840

A Stuart Mill (Londres 1806-Avignon, 1873), se le deben notables ideas en los campos de la economía política y la filosofía, pero hay que señalar de manera especial sus aportaciones sobre la libertad humana, lúcidas y hermosas a un tiempo. Su ensayo sobre la servidumbre de la mujer (The Subjection of Woman, 1865), fue traducido con eficacia a finales del siglo XIX por una notable novelista e intelectual, Emilia Pardo Bazán. El prólogo de doña Emilia destaca la relación de Stuart Mili con su esposa, Harriet Taylor, mujer de gran instrucción e inteligencia y que, según el mismo Mill, colaboró en alguna de sus obras, como Sobre la libertad (1859). La escritora gallega contrapone al amor idealizado (y por tanto con poca apoyatura en lo cotidiano) aquel que se basa en un apasionado reconocimiento de las facultades del otro, como el que vislumbra en la relación misma de la señora Taylor y Mill, de la que hay noticias en la memorable autobiografía del filósofo. La defensa que hace Stuart Mill de la igualdad de la mujer respecto al hombre y de sus inalienables derechos se basan en lo que, en el siglo XX, conceptuó lsaiah Berlin como «libertad negativa», es decir, aquella se muestra ante la supresión de las opresiones.

Como es sabido, Mill tenía una vasta información histórica y hace uso de ella en este libro, informándose de las privaciones a las que han sido sometidas las mujeres; pero lo que es radical no es tanto el dato como su impecable razonamiento. Mill proclama que lo que en su tiempo se denomina la «naturaleza de las mujeres es un producto eminentemente artificial», más adulterado por los hombres (y la contribución de las mismas mujeres) que el de las «razas de esclavos». Mill afirma algo que aún debemos recordar: que en «la familia, como en el Estado, el poder no sustituye racionalmente a la libertad». Desde esta idea, critica con agudeza tanto a los gobiernos como a las iglesias que sancionan la soberanía arbitraria de un miembro de la humanidad sobre otro. Frente a las morales de la servidumbre, de la caballería y de la generosidad, Mill opone la moral de la justicia. Para ello hay que emprender, afirma, el camino de la experiencia. Todavía Mill sigue siendo actual, ya que sus razones son las nuestras: junto a las leyes es necesario el valor de educar, porque las familias siguen siendo, en tantas ocasiones, escuelas de despotismo, cuando no de crímenes.