El arte como esplendor único: La publicación de dos joyas literarias enmarca la conmemoración del pintor francés

Mónica Mateos-Vega

La Jornada

México, DF

http://www.jornada.unam.mx/2008/02/29/index.php?section=cultura&article=a04n1cul

Arribarán a México la novela Cumbres borrascosas y el libro Mitsou, ilustrados por el artista

Su obra fue definida por el poeta René Char como “el verbo en el tesoro del silencio”

Muchos críticos intentaron, sin éxito, descifrar la “rareza” de sus lienzos y dibujos

Dos joyas literarias están por arribar a México: una edición de la novela Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, que reproduce, por vez primera en un título en español, las ilustraciones que para esa obra realizó Balthus en 1933, y Mitsou, el libro que el gran pintor francés hizo cuando tenía 12 años de edad, en colaboración con el poeta Rainer Maria Rilke.

Editadas por la casa independiente Artemisa, cuya sede se encuentra en las islas Canarias, en España, ambas publicaciones enmarcan la celebración por el centenario del natalicio del artista (29 de febrero), quien concibió la pintura como una música interior.

“Hoy día se desconocen las virtudes milenarias del silencio y el trabajo, del diálogo secreto y profundo con lo invisible, que para mí también es lo divino, y esa reconstrucción aparente en el lienzo que viene de muy lejos, de un lugar muy antiguo”, escribió Balthus en sus memorias.

Ocho de las ilustraciones que realizó para Cumbres borrascosas fueron publicadas por primera vez dos años más tarde, en el número siete de la revista surrealista Minotauro. En total son 15 dibujos, además de 11 estudios preparatorios. Si bien Balthus no ilustró todos los capítulos de la novela, puede decirse que en estos trazos se encuentra el germen de gran parte de la producción madura del artista.

La infancia como estado esencial

Lo mismo sucede en Mitsou, obra que realizó al alimón con Rilke en el verano de 1921. El libro narra la historia de un gato perdido, ilustrada por el pintor, con prefacio del poeta, que era amante de la madre de Balthus.

La editorial Artemisa, coordinada por Marian Montesdeoca y Ulises Ramos, lanzó en 2007 ese título inédito hasta entonces en España, en edición de Juan Andrés García Román, enriquecido con la correspondencia que Rilke dirigió a Balthus, en la cual le aconsejaba, entre otros temas, cómo celebrar sus cumpleaños: “Hace muchos años conocí a un escritor inglés, Mr. Blackwood, que en una de sus novelas aventura una hipótesis muy seductora: pretende que en la medianoche se produce siempre una hendidura minúscula entre el día que acaba y el que comienza y que, si una persona hábil se las arreglara para deslizarse dentro de esa hendidura, saldría del tiempo y se encontraría en un reino independiente de todas las mudanzas que nosotros soportamos; en ese lugar se encuentran reunidas todas las cosas que hemos perdido”. (Mitsou, por ejemplo, los muñecos rotos de los niños, etcétera, etcétera.)

“Su cumpleaños se encuentra allí escondido y sale a la luz… ¡sólo cada cuatro años! (Imagino una exposición de cumpleaños en la que el cumpleaños de otros se comparase con el suyo, siendo este último tratado con esmero y sacado del almacén sólo tras largos periodos.) Mr. Blackwood, si no me equivoco, da a esta hendidura nocturna y secreta el nombre de ‘Crac’: ahora bien, por no disgustar a su querida madre y a Pierre, le aconsejo no desaparecer en ella, sino contemplar tal lugar tan sólo durante el sueño.

“Su aniversario –estoy seguro– se encuentra muy cerca de allí, lo encontraréis a la primera, y es posible que tenga la oportunidad de entrever algunos otros esplendores más.

“Al despertar el primero de marzo se encontrará rodeado de aquellos admirables y misteriosos recuerdos y, en lugar de que sea dada una fiesta para usted, será usted mismo generosamente quien la dé a los otros, al relatarles sus turbadoras impresiones y al describirles la naturaleza maravillosa de su raro cumpleaños, ausente, pero intacto y de la mejor calidad.”

Las 40 viñetas que diseñó el jovencito Balthus son “de una originalidad y una actualidad asombrosas, mientras Rilke escribió un breve pero intensísimo prefacio en que pondría palabra a la historia figurativa y plástica del pintor.

“Mitsou puede parecer infantil, tal vez hasta naïf, pero hay que tener presente la importancia que la idea de la infancia tiene en la obra de ambos genios: la infancia como ‘estadio esencial’”, señalan los editores.

Admirado por Breton y Picasso

Balthasar Klossowski de Rola nació un 29 de febrero de 1908. Reducido a “pintor erótico” por quienes conocen superficialmente su obra, Balthus fue hijo de Erich Klossowski, un destacado historiador de arte, y de Elisabeth Dorothea Spiro (conocida como Baladine Klossowska), integrante de la elite cultural de París. El hermano mayor del pintor, Pierre Klossowski, fue un filósofo influenciado por los escritos del Marqués de Sade.

Balthus empezó a pintar siendo adolescente y su trabajo fue admirado por escritores como André Breton, Albert Camus y por colegas como Pablo Picasso. Su círculo de amigos en París incluía al novelista Pierre-Jean Jouve, los fotógrafos Josef Breitenbach y Man Ray, el dramaturgo Antonin Artaud, así como los pintores André Derain, Joan Miró y Alberto Giacometti, con quienes protagonizó enriquecedores intercambios de ideas.

Pasó la mayor parte de su vida en Francia. En 1953 se mudó al castillo de Chassy, casa veraniega donde maduró su estilo y vieron la luz algunas de sus obras maestras, como El cuarto, influenciada por las novelas de su hermano, y La calle, pintura que hoy forma parte del acervo del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En 1964 se instaló en Roma, donde fue nombrado presidente de la Academia Francesa en esa ciudad. Ahí trabó amistad con el realizador de cine Federico Fellini y con el pintor Renato Guttuso.

Entre 1961 y 1978 fue consejero especial de André Malraux, entonces ministro de Cultura en el gobierno de Charles de Gaulle.

De su primer matrimonio, con la suiza Antoinette von Wattenwyl, Balthus procreó dos hijos, Stachou y Thadée. En 1967 contrajo segundas nupcias con una japonesa 35 años menor que él e hija de una familia de samuráis.

En 1977 se trasladó a Rossinière, Suiza, donde radicó hasta su muerte (ocurrida el 18 de febrero de 2001), con su segunda esposa, Setsuko, también pintora.

Balthus fue el único artista que en vida tuvo obras en el acervo del Museo del Louvre, la mayoría provenientes de la colección privada de Picasso, donada a ese recinto.

Sus pocas pinturas vendidas alcanzaron los precios más altos para artistas vivos: hasta 2 millones de dólares en subasta. El resto forma parte de diversos museos de arte en Estados Unidos, Francia, Suiza, Gran Bretaña y Japón.

El Museo de Arte Moderno de la ciudad de México exhibió hace algunos años un estudio al óleo para su obra El sueño.

En 2003 Setsuko echó a andar la Fundación Balthus, con sede en Suiza, que se ha encargado, desde entonces, de promover la obra del artista por el mundo.

La hipocresía de Estados Unidos

Balthus tachaba a Estados Unidos de hipócrita, al igual que a los críticos por opinar erróneamente acerca de sus pinturas de niñas (en nuestro país, a la hora de su muerte, se le asoció de manera irreflexiva con Lewis Carroll).

“Realmente no entiendo la incapacidad de la gente para captar las diferencias esenciales entre erotismo o sexualidad y pornografía. Por ejemplo, la industria publicitaria es pornográfica, especialmente la de Estados Unidos, donde se ve a una jovencita poniéndose un producto de belleza en la piel como si tuviera un orgasmo”, explicaba Balthus.

“Inmoral”, “escandaloso” y “perverso” fueron algunos de los adjetivos de quienes intentaron, sin éxito, descifrar la “rareza” en la obra de Balthus.

El diario The New York Times recordó, con motivo de la muerte del pintor, que artistas serios como Bruce Nauman, Wayne Thiebaud y Roy Lichtenstein “apreciaron la delicada elegancia de la obra de Balthus, más enigmática que explícita”.

El “legado estadunidense” de Balthus, añadía el crítico de arte Michael Kimmelman, “es una ilustración de nuestro propio puritanismo e hipocresía cultural en los que estamos envueltos. Como muchos europeos, Balthus encontró ridícula la creencia estadunidense de que el arte es una ocupación moral”.

Preferencia por el anonimato

Admirado por las escenografías que realizó en Francia para obras de Shakespeare, Camus y la ópera de Mozart Cosi Fan Tutte, Balthus escribió en sus memorias: “pintar es salir de ti mismo, olvidarte, preferir el anonimato y correr el riesgo, a veces, de no estar de acuerdo con tu siglo y con los tuyos”.

Animado por ese espíritu, produjo unos 300 lienzos e innumerables dibujos, obra definida por el poeta René Char como “el verbo en el tesoro del silencio”.

En Balthus, afirmaba su amigo Fellini, el tiempo es inalterable. Quizá por ello al pintor le gustaba jugar con su edad: nació en año bisiesto, justo el 29 de febrero, por lo cual afirmaba, poco antes de morir, ser veinteañero, pues sólo cada cuatrienio sumaba un año a su cuerpo y mil a su espíritu: “nací en el siglo XX, pero pertenezco mucho más al XIX”, decía.

Hoy, a un siglo de su llegada a este mundo, recordamos al “gran señor luciferino”, el “eremita de la luz”, quien hasta el último día cumplió su palabra: “Si me retirara de la pintura, sería como retirarme de la vida, del esplendor único, de la belleza a la que Dios me ha enviado”.

Balthus defendía en sus creaciones la inocencia, el deseo y el erotismo

París, 28 de febrero. En realidad, en aquellas púberes que eran el tema favorito del artista francés Balthus no habría habido nada comprometedor de no ser por esos pequeños detalles sensuales y eróticos: una falda muy corta o unas piernas demasiado abiertas.

Los críticos y observadores quedaban consternados con la sexualidad subyacente en sus pinturas. Pero para el pintor, fallecido el 18 de febrero de 2001, a los 92 años, sus representaciones no tenían nada de condenable, sino que eran imágenes puramente sensuales de un deseo libre de tabúes y de la inocencia.

Estos cuadros sobre el despertar de la sexualidad en las niñas, reflejado generalmente en interiores burgueses, le valió a Balthus, de cuyo nacimiento se cumplen cien años este viernes, la fama mundial.

“En su primera exposición, en 1934, se produjo un escándalo, porque se interpretó la escena de una de las pinturas como un intento de abuso de una menor”, dijo Sabine Rewald, curadora de una gran muestra individual de Bal-thus que se presentó en Colonia, Alemania, el año pasado.

El artista describía su estilo como “realismo atemporal”. Era autodidacta y su escuela de arte fue el Louvre. Durante semanas, pasaba las tardes en el museo parisino, donde estudiaba y copiaba obras de David, Poussin, Chardin y Courbet.

Era un defensor del oficio de los antiguos maestros. Estaba ligado a lo concreto y sus pinceladas eran directas, clásicas y expresivas.

En los años 20 y 30 del siglo pasado, se relacionó con Alberto Giacometti, André Malraux y Georges Bataille; conoció el impresionismo, el cubismo y el surrealismo, pero rechazaba casi todos los estilos artísticos: “La capacidad de pintar desaparece. Ya no existe casi nadie que la domine correctamente. Para confirmarlo, basta observar a los pintores de nuestro siglo.

“La mayoría de ellos no tienen nada que comunicar y sus obras no contienen nada digno de tomarse en cuenta por otros artistas. El único que supone una excepción es Braque.”

Influencia de la pintura asiática

El artista, llamado en realidad Balthazar Klossowski de Rola y nacido en París en el seno de una familia polaca de artistas, creció en un entorno cosmopolita. Su madre era pintora y amiga del poeta Rainer Maria Rilke. Y a instancias de su padre, un conocido historiador del arte parisino, conoció a Bonnard, Matisse y Monet.

En vida, Balthus era considerado especial y marginal. Durante su primera época parisina trabajaba intensamente retirado en su estudio del sexto arrondissement, en el corazón de la ciudad.

En 1976 adquirió en Suiza, donde había pasado parte de su juventud, la noble y amplia casa de madera Grand Chalet en Rossinière en el cantón de Waadt, en la que vivió hasta su muerte en febrero de 2001, con casi 93 años.

Dejó una obra completa de unas 350 pinturas y mil 600 dibujos, entre ellos un retrato del español Joan Miró, sus paisajes suizos y franceses, las naturalezas muertas influenciadas por la pintura asiática y los retratos eróticos de niñas, que hoy día son los más conocidos.

Crónica de la nada hecha pedazos

Javier Goñi

El País (Babelia)

Madrid

Hace 35 años no había autonomías, pero sí había, en la narrativa española, intentos de agrupamientos geográficos: los más viejos del lugar recordarán —seguro— aquellos barbarismos de los narrandaluces, o los narracanarios. De éstos era Juan Cruz Ruiz, que publicó en 1972 su primera novela, Crónica de la nada hecha pedazos, y su segunda, Naranja, en la excelente Taller de Ediciones JB (Josefina Betancor y su marido el gran poeta canario Manuel Padorno). Crónica de la nada hecha pedazos leída entonces era un texto experimental, atolondradamente juvenil y romántico —¿acaso no sea esto un oxímoron?—, lleno de sueños, deseos, anhelos, libros y chicas, y todo ello contado con ese apasionamiento de los inicios cuando uno es barnizado por tantas y tantas lecturas metidas en vena, y sobre todo —ay, aquellos tiempos de descubrir por primera vez Rayuela, Conversación en La Catedral, Tres tristes tigres, El siglo de las luces, Pedro Páramo, El astillero, y Borges— los latinoamericanos, esa espléndida prolongación del idioma, y sus posibilidades. La sorpresa se la ha llevado este lector cuando, tanto tiempo después, ha vuelto a leer la primera novela de Juan Cruz y cree haberla apreciado mejor. ¿Aguanta? Aguanta. Lejos quedan, por estas tierras, los experimentalismos —no siempre estériles—, las audacias o extravagancias tipográficas, el suprimir signos ortográficos, pero el texto está ahí —hay páginas, casi, que son como poemas visuales—; pero el protagonista está ahí —hay excesos etílicos, el protagonista también con su asma a cuestas—, un ser torturado, dubitativo, nihilista, un permanente adolescente que pone orden —a su modo y manera— en ese caos —y cosmos— que es la vida a esa edad. Su libro es como un vómito de romanticismo adolescente, donde todo se confunde, y donde el protagonista, Juan, ¿Juan?, intenta huir del entorno quevedescamente a una isla pegado; una isla, la suya. Ya todos, autor y lectores andamos despegados, pero el texto, oiga, tanto tiempo después, se sostiene; caprichos tipográficos al margen.

Recomendación: Cumbres borrascosas

Natalio Blanco

Cambio 16

Madrid

Cuando a un clásico de la literatura universal se le adjunta la genialidad de
Balthazar Klossowski de Rola, más conocido como Balthus, la novela aumenta su belleza el cien por cien. Es lo que ha ocurrido con esta cuidada edición, en la que se reproducen por primera vez en España los dibujos que Balthus realizó en el París de 1933. Una gozada.

García Ramos saca a la luz su última novela ´El Inglés´

Redacción

Canarias 7

Las Palmas de Gran Canaria

El libro cuenta con un prólogo de Luis Mateo Díez

El escritor canario Juan Manuel García Ramos ha sacado a la luz su última novela, El Inglés, de la editorial Artemisa Ediciones.

El Inglés, que ha sido emparentado por J .J. Armas Marcelo con El extranjero de Albert Camus, narra el viaje de su protagonista, Carlos Asturias Harrow, quien en palabras de Mateo Diez, es un “espléndido espejo para mirarse y sentirse, sabiendo que su más fácil y en alguna medida gratuita condena, es su perdición, en su caso relacionada no sólo con ese imperturbable camino de agotar y malbaratar la existencia en los tramos de cada día, sino con la desaparición, una forma de perderse que es borrarse: ese trance final tan bello y desolado como simbólico con que la novela culmina”.

Juan Manuel García Ramos (La Laguna, Tenerife, 1949) es escritor y Catedrático de Filología Española de la Universidad de La Laguna. Ha escrito más de 20 libros sobre su especialidad. Algunos de sus títulos en ese campo son La critica literaria española frente a la literatura latinoamericana, coordinado por Leonor Fleming y María Teresa Bosque, La metáfora de Borges y Tres ensayos. En su etapa como consejero de Cultura del Gobierno canario fundó la Biblioteca Básica Canaria.

Los premios Cálamo reivindican la literatura que captura la vida

Daniel Monserrat

El Periódico

Zaragoza

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/escenarios/premios-calamo-reivindican-la-literatura-captura-vida_387546.html

Rafael Chirbes, Antonio Ansón y José Luís Peixoto recogieron ayer los galardones en el Garden.

Tres novelas y un denominador común. La reivindicación de una escritura alejada de la literatura y basada en capturar la vida con el mundo rural como telón de fondo. Crematorio, de Rafael Chirbes; Llamando a las puertas del cielo, de Antonio Ansón y Cementerio de pianos, de José Luís Peixoto recibieron ayer los premios Cálamo del 2007 en un acto celebrado en el restaurante Garden. Rafael Chirbes recogió el premio Cálamo al Libro del año 2007 por Crematorio (Anagrama), un galardón que decidieron los lectores de la librería zaragozana a través de una votación. «No es un libro muy complaciente con el lector pero he intentado captar al hombre, la sociedad contemporánea y la falta de valores en la que nos movemos ya que el dinero y el poder es lo que mueves el mundo», explica el valenciano, que no duda en reconocer que el libro premiado tiene mucho dolor. «Es muy pesimista hasta el punto de que no sabía si era ético publicarlo. Tuve muchos problemas de conciencia». Finalmente, Crematorio vio la luz con un gran éxito de crítica y entre el público. Prueba de ello es el galardón que recibió ayer. «Los premios editoriales son más dudosos que los que se entregan a obra hecha como esta. Por eso me produce una satisfacción muy grande haberlo ganado por segunda vez» (lo consiguió ya en el año 2004). Chirbes insistió en que escribe desde las vivencias y desde el humor: «Odio los bestiarios de literatura. Yo solo quiero capturar la vida. Mi único objetivo es empezar la novela con una frase y seguirla hasta el final del libro sin hacerle ninguna trampa al lector en el tono y en el estilo».

Premio extraordinario

El zaragozano Antonio Ansón recogió el premio Cálamo Extraordinario del 2007 por su primera novela, Llamando a las puertas del cielo, editada por Artemisa. «Habla de un pasado que a nadie le gusta recordar. Los muchachos que describía Goytisolo en Campos de Níjar con su miseria y sus desgracias son los que ahora se pasean en sus 4×4 rodeados de billetes. No les interesa recordar quiénes han sido». Así, la ópera prima de Antonio Ansón analiza ese paso de la sociedad rural a la modernidad mal entendida para una generación que se quedó en medio de todo: «llegamos tarde a la revolución y muy pronto a la modernidad». Una novela en la que lo fundamental son las vivencias, explica Ansón: «No me interesa la literatura literaria, me aburre, me interesa mucho más la historia de la gente. Mi libro se nutre de recuerdos, experiencias que han ido encajando en la trama». El tercer galardonado de la noche fue el portugués ]osé Luís Peixoto, cuyo Cementerio de pianos recibió el premio Cálamo Otra Mirada del 2007. «Habla de la vida y de la muerte. Es la historia de una familia, de un padre y un hijo, que pasan por los distintos sentimientos reales que viven», asegura Peixoto que cree fundamental que existan este tipo de premios: «Que me reconozcan en otro país es algo que me ilusiona enormemente. Y, además, que sea en España es muy importante porque aproxima culturalmente a dos países que en materia cultural se desconocen bastante». En Crematorio, Rafael Chirbes entra en el caserón de la vida para ofrecer un panorama tan deslumbrante como terrible. El valenciano utiliza su fina ironía para trazar un mundo doloroso y temible en el que también hay cabida para la fina ironía. Antonio Ansón ha construido una novela sobre la Transición pero en la que va más allá. Cuenta la historia de una generación que se hizo adolescente en una época en la que la sociedad rural daba un paso hacia la modernidad. Llamando a las puertas del cielo es una metáfora de España. Historias de amor, urgentes e inevitables, hirientes, en las que el abandono, la violencia doméstica y los errores redimidos acaban siendo anulados por el poder de la ternura y el afecto. Todo eso sucede en Cementerio de pianos, del portugués José Luís Peixoto.

Cálamo premia a tres autores preocupados por los lectores

RCL

Heraldo de Aragón

Zaragoza

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/calamo_premia_tres_autores_preocupados_por_los_lectores.html

El aragonés Antonio Ansón, el valenciano Rafael Chirbes y el portugués José Luis Peixoto leyeron ayer sus obras en Zaragoza

Para Ansón, el premio Cálamo por su novela Llamando a las puertas del cielo ha sido “un regalo” inesperado. A Chirbes le ha supuesto “una satisfacción muy grande” que los lectores le hayan votado por Crematorio. Peixoto da a su galardón por Cementerio de pianos una importancia “muy especial, porque es una aproximación de dos países que geográficamente están muy cerca, pero que culturalmente tienen mucho desconocimiento mutuo”.

A diferencia de otros escritores más ensimismados, los tres coincidieron en señalar que “los libros existen gracias a los lectores”, en palabras de Ansón. Él asegura pasarlo “muy bien escribiendo, pero compartir lo que escribo está mucho mejor”. Aficionado a leer a Josep Pla, Chávez Nogales o Gutiérrez Solana, cree que su primera novela ha podido “sorprender por el tema, ya que está de moda escribir sobre hamburguesas y viajes por California, pero no de los pueblos”. Y también por el estilo “muy seco, con frases breves, muy directo”, explica.

Reconoce que el tremendista y a veces poético retrato -al estilo de los neorrealistas italianos- que hace de la vida rural española de hace un par de décadas puede resultar “grotesco, pero es la descripción de las cosas sencillas tal como eran y como siguen siendo, aunque a pocos les interesa reconocerlo”, dice.

Chirbes, por su parte, asume que para él escribir tiene “algo de psicoanálisis”. Dice que su novela “es muy pesimista”, pero opina que “el humor surge del pesimismo, porque si eres optimista eres beato, te dejas llevar por religiosos y políticos, que tienen poco sentido del humor: a Dios no se le toca, al partido tampoco”.

Con referentes como Balzac, Alfred Döblin o Fernando de Rojas, el valenciano ha pretendido en Crematorio captar “al hombre contemporáneo, la sociedad contemporánea, a mí mismo y la falta de valores en que nos movemos: el dinero y el poder son los últimos en este siglo”. Para él, una novela “es algo muy frágil pero muy duro”, porque aguanta el paso del tiempo.

A Peixoto, que estaba encantado con la posibilidad de leer ayer en público su obra y que habla castellano gracias a los coloquios que ha tenido con lectores españoles, argumenta que “es importante que al autor le gusten sus propios libros, porque si no cree en ellos, es irresponsable publicarlos”. Él, que vive en un pueblecito del Alentejo, dice escribir sobre cosas “que son importantes para mí, con la esperanza de que sean importantes para otras personas”. Con 33 años, ha escrito poesía, teatro y novela y se declara seguidor de Saramago, Lobo Antunes, Rulfo y Faulkner.

Cumbres Borrascosas, Emily Brontë

Carmen Fernández Etreros

La tormenta en un vaso

Madrid

http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2008/02/cumbres-borrascosas-emily-bront.html

Cada vez que leo Cumbres borrascosas siento esa llamada profunda y vital de la naturaleza que trasmite esta emblemática obra romántica del XIX. La novela relata el profundo y trágico amor imposible de dos jóvenes, Catherine y Heathcliff. Una pasión que supo transmitir con una fuerza irrepetible Emily Brontë. Tengo que reconocer que todavía me conmueven las famosas palabras de Catherine Earnshaw, «Nelly, Heathcliff soy yo». Un amor que traspasa la vida, que llega más allá de la muerte gracias a las apariciones del fantasma de la protagonista. «Mi amor por Heathcliff se asemeja a las rocas eternas que sobresalen profundamente enterradas en la tierra: son motivo de escaso goce para quien las contempla pero al mismo tiempo son necesarias» (p. 142). Lo oculto de la naturaleza salvaje y de las pasiones humanas se funden en un relato que ha seducido a los lectores desde 1847. Esta vez llega a mis manos esta nueva edición de Cumbres borrascosas editada con primor y cuidado por la editorial Artemisa. Esta misma editorial canaria, que ya está instalada en Madrid, publicó hace unos meses el original libro Mitsou. Historias de un gato. Después del éxito la innovadora editorial ha sorprendido, entre sus nuevas publicaciones, con una versión diferente de Cumbres borrascosas, traducida de manera original por Roberto Bartual e ilustrada por Baltasar Klossowski, Balthus. Entre los aciertos de esta edición está la serie de quince dibujos, más once estudios preparatorios, con la que el pintor Balthus rindió su particular homenaje a esta obra en 1933. Al principio me sorprendió que se incluyeran al final del volumen y no se fundieran en el conjunto del texto, pero al no estar reflejados todos los capítulos de la obra sino solamente quince, también me parece lo más adecuado agruparlos al final del texto. El pintor capta en estos dibujos a plumilla esa relación tormentosa entre los dos protagonistas y el universo frío y cruel de la novela y de sus tristes personajes.Lo que me ha desconcertado un poco es la traducción del habla del criado Joseph, y en ocasiones también de Hareton, al lenguaje rural de la época por el traductor. Personalmente este recurso choca con mis recuerdos de las palabras repetitivas de este plomizo personaje de Wuthering heights. Cumbres borrascosas, publicada por primera vez en 1847, fue la única novela de Emily Brontë, que murió prematuramente a los treinta años, y ha sido considerada un clásico de la literatura inglesa, a pesar de que inicialmente, debido a su innovadora estructura, desconcertó a los críticos. Sin embargo es ahora esa estructura la que maravilla a cualquier lector. Un primer narrador desconcertado, Mr. Lockwood, alquila la apacible Granja del tordo y anima a la señora Dean, la segunda narradora y gran conocedora de la historia de la familia desde su infancia, a que le cuente los secretos que guardan los extraños habitantes de la casa de los páramos, Cumbres Borrascosas. Una técnica de la indeterminación desconcierta al lector y despierta su impaciencia. Con maestría la escritora dosifica las pistas y los secretos familiares hasta el final del relato logrando mantener al lector inquieto hasta sus últimas páginas.En suma: una cuidada edición, una novela inolvidable y el lujo de contemplar los dibujos de Balthus. Todo un placer.