Viaje al ojo de un caballo, de Carlos Jiménez Arribas

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Literatura en breve (RNE 5)

Madrid

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Los editores

Juan Cruz

Mira que te lo tengo dicho

Madrid

http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2007/11/los-editores.html

Mis antiguos compañeros de Alfaguara, donde trabajé seis u ocho años, ya no me acuerdo, me invitaron ayer a su almuerzo anual en Tlaquepaque; lo celebran (lo celebrábamos) cada vez que nos reuníamos en Guadalajara, para la Feria Internacional del Libro. Allí amasamos muchos proyectos, cuando yo ejercía como editor, y ahora los he visto amasar. Muchos de los reunidos eran muy jóvenes, acababan de llegar, y ahora ya son prestigiosos editores, en Colombia, en México, en Argentina, en España… Ahora los he visto discutir y entenderse, buscar en los libros que hacen otros la ilusión de su vida, y he estado pensando en ese oficio extraordinario, en el que hay que conservar la cabeza fría, la humildad y la emoción de descubrir a partes iguales. Es un oficio generoso en el que a veces florecen también los que nada tienen que ver con esa palabra y lo usan para su propio brillo o para su propio nombre. El editor es un mensaje entre el escritor y el lector; de su entusiasmo depende el catálogo de su firma, y el catálogo no lo hace un hombre sino que lo hace la historia, es decir, la lectura. Por la noche estuve en el homenaje que la FIL dedicó a nuestro presidente, Jesús de Polanco. Fue un momento muy emocionante para nosotros, los que trabajamos en este grupo; Jesús reunía esas virtudes de claridad de mente, de distancia de su propio ego y de entusiasmo para publicar y para vender libros. En vida sufrió mucha mezquindad, y ahora la sigue sufriendo, porque la vida es así, y la verdad es que él se tomaba esa mezquindad agresiva que padecía con muchísima filosofía; un reconocimiento como el que se le reiteró en Guadalajara, reconforta en la ausencia siempre sentida de este hombre que emprendió aventuras para que los otros tuvieran barco en el que navegar. El homenaje fue en el marco del tributo editorial otorgado a Christian Bourgeois, un gran editor francés que hizo resaltar en su país la literatura de otros países, entre ellos la española. En esa isla cerrada que es a veces la cultura editorial francesa, su gestión ha sido importantísima para divulgar lo que aquí hacemos. Luego, al final de la tarde, presentamos la nueva Babelia en la FIL, con el director del periódico, Javier Moreno, Goyo Rodríguez, que es el subdirector del periódico que se ocupa de toda la zona cultural y de EL PAIS Semanal, y numerosos escritores de todas partes, sobre todo colombianos, que son los invitados este año en la feria. Y editores. Goyo adelantó ahí que no habría problemas de espacio en BABELIA. Es una buena noticia para la expresión escrita en revistas o suplementos culturales. Luego me tomé dos whiskies, porque en definitiva había culminado mi actividad profesional en la feria; muchos me han pedido que tome tequila a su salud, porque la tequila es aquí lo suyo. Sufrí un a vez el latigazo del tequila; ya no más. Esta mañana me ha escrito un mensaje la pareja que dedica Artemisa, una joven editorial canaria que ya se ha afincado en Madrid, y que acaba de publicar a un símbolo de la literatura colombiana, precisamente, La vorágine, de José Eustasio Rivera. Marian y Ulises son los responsables de Artemisa. He leído que están aquí, aunque ya sabía que vendrían. Esta mañana viene Peter Mayer, el hombre que reedificó Penguin y que me enseñó muchísimo como editor. O sea que estoy rodeado de mi vieja vida, debatiéndome entre el amor al periodismo y el reconocimiento a un oficio, el de editor, que es incomprendido a veces pero que representa uno de los más bellos empleos de la tierra: facilitar que las palabras, las buenas, las regulares e incluso las malas, circulen.

«La vorágine» en Babelia

Luz Mary Giraldo y Winston Manrique Sabogal

El País (Babelia)

Madrid

1924 Aparece La Vorágine. de José Eustasio Rivera (1888·1928). considerada con Los de abajode Azuela; Doña Bárbara, de Gallegos, y Don Segundo Sombra, de Güiraldes, entre las obras que llevan la narrativa latinoamericana a “la mayoría de edad”. Novela realista y naturalista, de denuncia y testimonio, apela al esteticismo y a los sueños románticos.

 

Letras del vórtice: primeros capítulos

Gabinete de prensa

Artemisa Ediciones

Madrid

Crónica de la nada hecha pedazos / Juan Cruz Ruiz

Monosílabos enigmáticos acabaron con todo. El mundo se había puesto de pie y más dura fue la caída del imperio romano. Nada nos esperaba en la mirada de los otros, los que subieron la pena hasta el extremo último de la montaña. La izquierda y la derecha de nuestros brazos, roces tímidos de sus pechos con tu frente, la vida cuadriculándolo todo, la isla envolviéndote como un imán, la subsistencia, aburrimiento, raudales de barranco destrozando -menos mal- las casas viejas, o rendirse para comenzar la nueva estrecha batalla.

¿Quién lanzó los últimos gritos de nuestra juventud?

¿Quién alimentó el verano tan solamente de sol?

¿Quién rompió tos tímpanos con esa rosa roja lanzada al vacío?

¿Quién te secundó en todos los intentos?

Carreteras heladas / Juan Manuel Lobo

BETH: Hola Judith, ¿dónde está Ernest?

JUDITH: ¿No lo ves? ¡Dónde va a estar! Se pasa el día sentado en ese taburete, pegado a la televisión. Es como si estuviera pasmado. Se queda con la boca abierta, y la mirada embobada, hasta la hora del almuerzo. Ya ni siquiera nos vamos a casa, a mediodía cierro la tienda y como cualquier cosa en el burger.

BETH: ¿Y él?

JUDITH: A él le traigo una tartera y come ahí mismo, sin necesidad de moverse, vigilando la pantalla, para que nadie apague su televisor. De tanto uso, el taburete tiene la lona raída. Le he dicho que vaya a comprarse una silla, de esas de tijera, que son tan baratas. Cualquier día se cae y se queda encajado hasta que vengan los bomberos a sacarlo porque, lo que es yo, no lo pienso recoger… [de “La ferretería de Ernest”.]

Viaje al ojo de un caballo / Carlos Jiménez Arribas

Quizá sólo a un ruso se le podría ocurrir leer Aeropuerto mientras vuela de regreso a Moscú. Pero el pasajero sentado a mi derecha, un hombretón de unos cincuenta años, afable y directo, lleva un ejemplar de la novela abierto por sus primeras páginas mientras entabla conversación con su compatriota, situado en el asiento del pasillo. Quizá leer no sea la palabra, y el bestseller sea una especie de misal pagano; algo a lo que agarrarse si la realidad supera peligrosamente a la ficción. Por si acaso, cuando de manos de la azafata me alcanza el formulario que tenemos que rellenar los extranjeros al entrar en Rusia, responde con su fuerte acento, “Don’t worry”, al darle yo las gracias. Acabo de descubrir por qué lo dice: tiene un parecido sorprendente, y quizá preocupante, con George Kennedy.

La estación extraviada / Roberto Cabrera

El cementerio municipal de S. se eleva sobre la pendiente de una colina a las afueras de la ciudad. Es un cementerio moderno, de amplios paseos circulares y edificaciones de hormigón, semejantes a grandes bloques de viviendas, sobre cuyas paredes se alzan los nichos con la exacta regularidad de un panal. Los muertos han perdido en estos cementerios el venerable privilegio de ser sepultados bajo tierra. En lugar de ello, se les introduce en nichos, donde sus cuerpos sufrirán de manera invariable los rigores de una putrefacción que no nutrirá la tierra.

Llamando a las puertas del cielo / Antonio Ansón

En el cementerio de Valcorza nos han ido enterrando a todos. Uno tras otro. Uno tras otro. Me consta que a Julita le di mucha pena, y que se deshizo en lágrimas cuando se enteró de que me había ahogado en el pozo del Molino. Así es la vida. O la muerte. Qué le vamos a hacer. Tarde o temprano llega el momento de rendir cuentas y se acabó. De nada sirve ponerse sentimental. Rezar todas las oraciones que uno recuerda. Cegarse de miedo. Toca, pues toca. Y a pagar. A tocateja. Como mi amigo Ernesto.

Se abre un agujero en la tierra, o en la pared. Un saco de cemento y un par de carretillos de tochos, y adentro que te vas. Santas Pascuas. Lo último que pensé cuando se me estaban llenando los pulmones de agua y de cangrejos es que había dejado el bancal de melones con la tajadera abierta. La que se iba a organizar en los ramblares. Hay cosas que no tienen remedio. Y lo que no tiene remedio mejor dejarlo estar. Que corra y lo arrastre el tiempo. Y se lo lleve. A rastras por el barranco de la vida. Envuelto en fango. Dando tumbos. Y ya está…

El Inglés / Juan Manuel García Ramos

Leí en alguna parte que escribir podía considerarse en ocasiones un ejercicio de autodestrucción. Continuamente me he preguntado si no hacerlo no implicaría mayor riesgo, sobre todo para aquellos que anhelándolo nunca lo consiguieron. Carlos Asturias Harrow siempre me hizo albergar esta duda. Vivir su vida tal vez me hubiera ahorrado ahora invocarla: ciertas existencias no encuentran mayor placer que el de extenuarse a sí mismas.

Yo fui uno de los que pudieron verlo un octubre regresar altivo a Santa Cruz del Mar, queriéndonos decir que los años de ausencia lo habían convertido, infaliblemente, en otro. Y lo que muchos tomaron como altanería, yo supe desde el principio, tengo que confesarlo ahora, que era una tormentosa inclinación hacia el descreimiento: sus desplantes no fueron nunca el resultado de un estadio de superioridad, suponían exclusivamente la mera derrota asumida… [Este libro estará disponible en diciembre.]

 

Artemisa publica la primera novela de Juan Cruz

Gabinete de prensa

Artemisa Ediciones

Madrid

Éste es un texto marcado por la controversia. Aplaudido por un sector de la critica y muy cuestionado por otro, la opera prima de Juan Cruz Ruiz es la memoria de un momento histórico convulso, narrada a través de la propia convulsión personal del joven escritor. Pero esta obra no sólo es la primera novela de un adolescente; es la novela de un joven afín a la ideología comunista que rompía con las estructuras y con los géneros literarios cuando la represión franquista daba sus últimos coletazos. Esta obra experimental, digna de situarse a la altura de sus padres intelectuales (Guillermo Cabrera Infante, entre otros), lógicamente alimentó desde su primera edición, por su osadía, las críticas más despiadadas. Sin embargo, permitió también a Juan Cruz tomar el necesario aliento para seguir escribiendo, para consagrarse como uno de los mejores escritores de la actual literatura española. Escrito cada noche al regreso de la redacción del diario en el que trabajaba, tras pasar por el cabaret, Crónica de la nada hecha pedazos es, sobre todo, un manifiesto íntimo sobre la libertad.

«Llamando a las puertas del cielo», de Antonio Ansón: candidata a los Premios Cálamo Libro del año 2007

Librería Cálamo

Prensa

Zaragoza

Librería Cálamo, presenta la VIl edición de los Premios Cálamo. Su celebración es anual y su dinámica muy sencilla. El “Premio Cálamo al libro del año” es elegido por democracia directa: el equipo de Cálamo propone 14 títulos editados durante el año en curso y finales del anterior y tú, cliente y amigo de nuestra librería, votas al que más te apetezca. Somos conscientes de que toda elección es injusta de raíz ¡cuántos buenos libros no habremos leído o habrán pasado en silencio por nuestras estanterías! No queremos pontificar, ni marcar gustos. ni fardar de listos. Sólo pretendemos que el premio sea una incitación al debate, a la interculturalidad y, por qué no, a la sana irreverencia literaria. Nuestra selección no tiene en cuenta ni género literario, ni procedencia idiomática.

El “Premio Cálamo Otra Mirada” es elegido por despotismo ilustrado: el empresariado y la clase obrera de Cálamo (sana comunicación interclasista) escogen un autor que aprecian de manera especial.

Librería Cálamo se reserva el derecho de conceder un Premio Cálamo Extraordinario.

Durante el mes de diciembre de 2007 y las dos primeras semanas de enero de 2007 podrás depositar tu voto, lógicamente secreto, en la una a dispuesta a tal efecto en Librería Cálamo. Al votar recibirás un detalle navideño de singular gusto.

El resultado será hecho público a mediados de enero de 2008.

Los premios se entregarán el 15 de febrero de 2008 durante una suculenta y bien regada cena que se celebrará en el Restaurante Garden. Por favor, reserva ya tus plazas, no esperes al último momento. El precio del menú es de 38 €.

Participa y difunde los Premios Cálamo: nos harás muy felices.

Candidatos al Premio Cálamo / Libro del año 2007

Las benévolas. Jonathan Littel. Rba Libros

Salir a robar caballos. Per Petterson. Bruguera Ediciones B

Llamando a las puertas del cielo. Antonio Ansón. Artemisa Ediciones

Una tumba para Boris Davidovich. Danilo Kis. Editorial Acantilado

Antonio B. El Ruso, ciudadano de tercera. Ramiro Pinilla. Tusquets Editores

Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Gutenberg

Crematorio. Rafael Chirbes. Anagrama Editorial

Cementerio de pianos. José Luis Peixoto. El Aleph Editores

Méndez. Francisco González Ledesma. Editorial Almuzara

Manual del perfecto terrorista. Mathias Enard. Editorial Belacqva

Claus y Lucas. Agota Kristof. El Aleph Editores

El cordero carnívoro. Agustín Gómez Arcos. Editorial Cabaret Voltaire

Help a Él. Fogwill. Editorial Periférica

La hija de mi padre. Mareike Krügel. Ediciones Lengua de Trapo

«El Inglés» estará disponible en diciembre

Gabinete de prensa

Artemisa Ediciones

Madrid

El Inglés, que en esta nueva edición lleva como subtítulo “Epílogo en Tombuctú” narra el viaje de su protagonista, Cartos Asturias Harrow, quien, en palabras de Mateo Diez, es “un espléndido espejo para mirarse y sentirse, sabiendo que su más fácil, y en alguna medida gratuita condena, es su perdición, en su caso relacionada no sólo con ese imperturbable camino de agotar y malbaratar la existencia en los tramos de cada día, sino con la desaparición, una forma de perderse que es borrarse: ese trance final tan bello y desolado como simbólico con que la novela culmina”.

“Yo agradezco siempre la presencia poderosa e inmediata de esos mediadores que me llevan al interior más o menos sombrío o luminoso del mundo imaginario… Tal vez porque uno es deudor, antes que nada, de esos entes de ficción donde el espejo de lo imaginario vierte sus reflejos más intensos y emotivos…” [Luis Mateo Diez, del prólogo.]