66 Feria de Madrid ¿La hora del relevo?

Nuria Azancot

El Mundo (El Cultural)

Madrid

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/20567/66_Feria_de_Madrid_La_hora_del_relevo/

Los nuevos editores analizan los problemas del sector en vísperas de la gran fiesta del libro que comienza el viernes

A partir de mañana y hasta el 10 de junio, la 66 Feria del Libro volverá a apoderarse del corazón de Madrid, arrastrando al parque del Retiro a miles de escritores, libreros, editores, lectores y curiosos ojeadores (y hojeadores) de novedades. Una fiesta en la que, sin embargo, la mayoría de sus 344 casetas ofrece una oferta es casi clónica, con pocas alternativas a los best sellers impuestos por el mercado. El Cultural quiere ocuparse de hoy de esas alternativas, porque en ellas se refugia a menudo el talento, la ironía y la felicidad que proporciona la gran literatura. Esa por la que han apostado los editores convocados en estas páginas, casi todos con presupuestos mínimos pero grandes esperanzas y problemas serios de supervivencia.

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La mayoría de los pequeños editores no tienen caseta propia en la Feria, aunque, como explica bienhumorado Javier Azpeitia, responsable de 451, “estaremos dando vueltas por ahí: todos los libreros y los editores en tan pequeño espacio… Es demasiado tentador”. Tampoco se hacen demasiadas ilusiones sobre posibles ventas: “No creo que haya muchas”, se lamenta Diego Moreno, de Nórdica; “Para nosotros la cifra de venta en la feria no es importante, lo que nos interesa sobre todo es repartir catálogos, material promocional y llegar a un público que de otra manera no llegaríamos”, explica Paris Álvarez, de La Factoría de Ideas; “No tenemos grandes expectativas de ventas. Nuestros autores tampoco”, apunta Santiago Tobón, de Sexto Piso; “Más que ventas importa que la gente nos conozca y se interese por lo que publicamos”, destaca Diana Zaforteza, de Alpha Decay. El más optimista es Fernando Guerrero, de Abada, ya que, “aunque hablar de ventas es siempre complicado, este año esperamos movernos en torno a los 800 ejemplares vendidos…” Y claro, con esas perspectivas, se se conforman, como explica Jesús Egido, de Rey Lear, con “participar en la fiesta, que nos conozcan, que toquen nuestros libros, que los hojeen, que los huelan. Que pierdan el respeto hacia el libro como algo lejano o muy sesudo y aprendan a disfrutar con él. ¡Qué más pueden pedir nuestros autores! La feria debe ser compartida por todos”.

Se trata, en definitiva, de que sus libros estén en alguna caseta, ya que la Feria es una oportunidad de salvar el cerco de silencio que a veces les acosa.

Elogio y refutación del librero

Al cabo, como explica Carola Moreno, de Barataria, “allí los pequeños tenemos la posibilidad de enseñar nuestros libros y de tomar contacto con libreros y público. Es además un excelente escaparate para los autores que, como los editores, suelen hacer su trabajo muy aislados, muy alejados de los lectores. De todas formas, la feria de Madrid es la fiesta de los libreros, el gremio más maltratado en los últimos años. Su paulatina desaparición por asfixia ante el avance de los macrogrupos es el verdadero drama del libro.Un buen librero conocedor de su oficio no tiene repuesto posible. Merecen todo nuestro reconocimiento y toda la ayuda que se les pueda prestar”.

Ellos también reclaman ayuda, aunque cada caso es muy distinto, empezando por el dinero que manejan. Así, el presupuesto de Rey Lear para este año rondará los 50.000 euros; el de Periférica, los 100.000; Ediciones Irreverentes, los 110.000, para 29 títulos editados en 2006, y tiradas de 500 a 2.500 ejemplares; Menoscuarto cuenta con 125.000 euros de presupuesto, para 15-20 títulos anuales y tiradas de 2000 a 3000 ejemplares, “llegando excepcionalmente a 5.000”; Diana Zaforteza, de Alpha Decay, publica 9-10 títulos al año, con tiradas que oscilan entre 2000 y 2.500 ejemplares y un presupuesto “muy limitado”. Tampoco lo precisan Marian Montesdeoca, de Artemisa, ni Santiago Tobón, de Sexto Piso, ni…

En cambio, Javier Fernández, de Berenice, señala como “objetivos de ventas para 2007 los 300.000 euros”, con un ritmo de publicaciones de tres títulos al mes y 2000 ejemplares de tirada; Fernando Guerrero, de Abada, cuenta para este ejercicio con 440. 000 euros, “con el que pretendemos continuar nuestra media de libros por año, 30”, pero con tiradas medias de 1.200 ejemplares para los títulos de autores españoles y 2.200 para las traducciones. La excepción, claro, es la Factoría de Ideas, no en vano su editor, Paris Álvarez Ruiz, menciona “una cifra de negocio de 2.000.000 de euros que equivalen a unas ventas de unos cuatro millones de euros a precio de portada”.

Un año dramático

Pero es eso, la excepción. Quizá por ello, Carola Moreno prefiere no “enterarme demasiado de los aspectos económicos del ‘negocio’. Si lo hiciera probablemente Barataria no existiría desde hace tiempo. En todo caso, una editorial pequeña es un negocio casi siempre ruinoso. Las alegrías económicas son mínimas”. Y es que para estos editores todo es pequeño, menos las esperanzas. Y los problemas. Aunque en eso tampoco se ponen de acuerdo, ni siquiera en si existe o no la crisis del sector o cómo les afecta. En este sentido, la más clara (la más sincera) vuelve a ser Carola Moreno, quien proclama que “en privado o en público el año está siendo dramático. Acabo de estar en la Feria del libro de Sevilla. Casi todas las casetas lucían en un ochenta por ciento repetitivas cubiertas de pseudo novelas históricas. El espacio para el libro-libro es mínimo, puramente residual. Habrá otras explicaciones, pero ésa salta a la vista”.

“Se lee poco, pero más que antes”

Javier Azpeitia (451) denuncia que “la desorientación de los lectores no se debe al exceso de libros sino a la falta de definición de las líneas editoriales, que en muchos casos las grandes editoriales fomentan para revolver las aguas”. Jesús Egido (editor y único empleado de Rey Lear) apunta que “el gran enemigo de la cultura en España es la debilidad de nuestro sistema educativo, del que el lector tiene poca culpa”. Tampoco se plantea vencer a los grandes grupos, pues “somos muy pequeños para plantearnos este tipo de carreras de velocidad, nos va más el maratón. No obstante, publicamos Alves & C. de Eça de Queiroz meses antes de que Alba Editorial editase Alves y Compañía. Y nuestra traducción, de Juan Lázaro, es magnífica.”

Por su parte Julián Rodríguez Marcos (Periférica) reivindica el papel del editor “no sólo como intermediario entre el autor y el lector, sino también como una mezcla de hermeneuta y agente o activista cultural”. Y ofrece su personal diagnóstico: “Estamos en un momento confuso, pero también excitante. Excitante porque está en transformación. No somos agoreros: creemos en el futuro. Cada vez, eso sí, ha de ser más plural, necesita ser más plural. Se lee poco, por supuesto. Siempre se lee poco. Pero se lee más que antes. Y el número de bibliotecas ha crecido en toda España. Y tenemos confianza en ese papel futuro de las bibliotecas respecto a las pequeñas editoriales. Su ayuda sería muy útil para proyectos como el nuestro”. Y denuncia otro problema: “algunos de los autores latinoamericanos que hemos publicado han recibido, tras ser publicados por Periférica y encontrar eco en la crítica española, ofertas de grandes grupos editoriales, algunos de capital español, en sus países de origen, y también de algunas agencias literarias españolas que no han actuado con elegancia al dirigirse a nuestros autores de espaldas a nosotros…”

Autores vetados por las grandes

Diego Moreno (Nórdica) descubre que el balance del primer año de la editorial “ha sido muy positivo. Hemos empezado desde cero, pero se va consolidando”, aunque reconoce que “a veces los proyectos fallan porque no le damos la importancia que tienen la comunicación y la distribución”. Más: “El problema no son tanto los otros editores de mi tamaño como la inundación de los bestseller de los grandes grupos que dejan muy poco espacio a los demás. Además, estamos en un país en el que no se da la importancia que el libro tiene, y no hay apenas ayudas para proyectos culturales”.

En busca del lector fiel

También Javier Fernández, de Berenice, considera sus mayores problemas “la visibilidad y la rotación vertiginosa en el punto de venta. Mi experiencia me dice que para que sobrevivan los libros de fondo, como son mayormente los nuestros, hay que complementar la oferta con otros títulos de mayor pegada que fidelicen a libreros y lectores. El editor debe trabajar con dignidad y honestidad, y buscar soluciones mirando hacia delante. Me viene también a la cabeza el caso de J. G. Ballard. Hace unos años pedí los derechos de un libro que había sido olvidado por Minotauro, Running Wild, y en un primer lugar se nos concedieron los derechos, pero después se usó nuestra oferta para presionar a Minotauro y el libro vio la luz allí. Tras esta experiencia me dirigí al editor de Minotauro,y le expuse mi interés personal en Ballard, puesto que aún quedaba un libro inédito suyo y no quería que se repitiese la experiencia. Hemos recibido un trato exquisito por parte de Minotauro y su ayuda para obtener los derechos. Y War Fever, de J. G. Ballard, verá la luz en Berenice en el otoño próximo”.

Otro editor que ha sufrido en sus carnes editoras estas prácticas ha sido Paris Álvarez Ruiz (La Factoría de Ideas), que recuerda cómo “sí nos hemos adelantado y hemos publicado libros que publican en grandes grupos editoriales, pero es muy difícil; no podemos hacer las ofertas que hacen ellos. Sí que hemos tenido autores a los que les han vetado publicar con nosotros a cambio de publicar con ellos, un ejemplo es la editorial Planeta. También algunos de estos grupos han comprado algún título por el que estábamos interesados sin intención de publicarlo, de esta manera impiden que sean publicados por nuestra editorial u otras y evitan competencia. Son prácticas habituales que desde el punto de vista empresarial son comprensibles pero desde el cultural no, porque ese título nunca llegará al mercado”.

Mentiras imposibles de creer

Pero, en general y a pesar de todos los problemas, estos editores rezuman optimismo, incluso cuando, como Miguel ángel de Rus (Ediciones Irreverentes) afirma que “los editores y los políticos dicen siempre en público que todo va genial, pero es falso. Las estadísticas de lectura son mentiras imposibles de creer, pero Ediciones Irreverentes está en crecimiento. Hasta nos hemos dado el lujo de publicar un periódico literario mensual, Irreverentes, que tira 6.000 ejemplares”. En la misma línea, Fernando Guerrero, de Abada, destaca que “para nosotros este año está siendo positivo. No diré que todo esto esté siendo fácil, pero no puedo hablar de un año dramático, ni mucho menos”. También Santiago Tobón, de Sexto Piso, lo confirma: “en medio de un panorama tan pesimista, creemos que somos afortunados”. Muy divertida, Marian Montesdeoca, de Artemisa, asegura que “¡el año está siendo todo un éxito! Nuestros libros cada vez gustan más. Sin embargo, las ventas no reflejan la buena acogida de nuestro catálogo. ¿Será que es cierto que hay crisis?”. Y es que, señala Azpeitia, “los editores somos un poco llorones, hay que tener paciencia con nosotros”. Menos entusiasta, José Ángel Zapatero, de Menoscuarto, considera que la actual crisis del sector “ afecta más a las grandes editoriales. Nosotros lo notamos menos porque no nos dirigimos al gran público, sino a un público lector bastante más reducido pero más fiel. Creo que el gran problema es la excesiva producción de títulos que saturan las librerías y despistan a los lectores”. Según Diana Zaforteza, “el panorama no es muy alentador pero yo creo que los vientos son más favorables de lo que parece, eso sí uno ha de tener claro que es una profesión vocacional. Mi experiencia es claramente positiva, tanto que quiero embarcarme en otro proyecto”. O, como celebra Jesús Egido, “Debe ser por el atrevimiento de la ignorancia, pero en Rey Lear estamos encantados de haber nacido. Los lectores nos han acogido mucho mejor de lo que esperábamos. No hay que engañarse, el mundo del libro en España es el que es y quien quiera obviar esa realidad puede encontrarse con grandes frustraciones”.

El tebeo de Balthus

Javier Rodríguez Marcos

El País (Babelia)

Madrid

http://elpais.com/diario/2007/05/19/babelia/1179532224_850215.html

El pintor se llama Balthazar Klossowski pero firma Balthus. El poeta, Rainer Maria Rilke, firma sus cartas como René. El poeta ha viajado por Europa al abrigo de varios mecenas. Entre ellos estaba Baladine Klossowska, madre del pintor, a la que conoció en 1919 y de la que se convertirá en amante. Dos años más tarde, un editor publica Mitsou, un libro de 40 viñetas del pintor al que el poeta pone un pórtico de cinco folios. El primero tiene apenas 13 años. El segundo, 45. Aquel libro, convertido en mítico, es el que se edita ahora en España con el añadido de ocho cartas de Rilke a Balthus. Con el mismo aire de los viejos grabados de la escuela polaca, Balthus cuenta de forma lineal -y sin palabras- la historia de un niño que encuentra un gato y se lo lleva a casa hasta que un día el animal se escapa. Las palabras las pone Rilke, que glosa la peripecia con la gran prosa que siempre tuvieron los mejores poetas.

 

«Cada vez más lectores reconocen nuestros libros y los alaban por su atrevimiento». Entrevista a Marian Montesdeoca, editora de Artemisa

Martín Gómez

El ojo fisgón

Barcelona

http://elojofisgon.blogspot.com/2007/05/entrevista-marian-montesdeoca-editora.html

Desde hace cerca de cuatro años una pequeña editorial llamada Artemisa con sede en La Laguna, Tenerife —Islas Canarias— cuyo impecable e innovador diseño editorial sobresale a primera vista viene constituyendo un catálogo compuesto por títulos de reconocidos autores cuyo denominador común es la visibilidad escasa —y en muchos casos nula— que han tenido en el ámbito de habla hispana.

Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted Artemisa Ediciones?

Marian Montesdeoca: Como una pequeña industria artesana de la edición.

M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial Artemisa?

M.M.: En verano de 2003, Ulises Ramos y yo concebimos Artemisa durante un paseo por la playa.

M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?

M.M.: La principal motivación fue —y es— hacer las cosas a nuestra manera. Hacerlas bien. Hartos de trabajar en “churrerías editoriales” donde poca importancia tenían el libro y el autor, decidimos lanzarnos a la publicación de aquellos libros que, como lectores, elegiríamos en los anaqueles de una biblioteca o de una librería.

M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Artemisa?

M.M.: Las colecciones se han ido definiendo paulatinamente. Puede decirse que Artemisa comenzó su andadura de forma muy modesta, publicando obras cuyo alcance era meramente local y con unas tiradas muy reducidas; libros, sobre todo, de investigación histórica —Ulises y yo somos historiadores—. Pero en 2005, conscientes de los límites de las islas Canarias e ilusionados por hacer realidad proyectos de mayor alcance, cruzamos el Estrecho. Desde entonces lanzamos las colecciones que siguen vivas hoy y estructuran el catálogo de Artemisa.

Nuestro amor por los clásicos de la literatura en unos tiempos en los que el best seller monopoliza el mercado editorial nos llevó a crear las colecciones /Clásica —que ya cuenta con 9 títulos— y su hermana menor, /Clá —de la que han salido 11 títulos—. En ellas ofrecemos rescates de obras literarias poco divulgadas de autores reconocidos —como ensayos de Stevenson o pensamientos de Sainte-Beuve— y obras de autores olvidados en España como Ricardo Güiraldes y José Eustasio Rivera. /Clá se distingue por su pequeñísimo formato y por sus pocas pretensiones: ofrece textos breves, adecuados para leerse del tirón en un viaje o ante un café; obras de gran calidad pero muy cortas para los tiempos apresurados en los que vivimos.

Por otra parte, nuestras colecciones más recientes son Titivillus y Letras del vórtice. Aunque en Titivillus hasta ahora sólo ha salido Mitsou —obra de Rilke y Balthus— y estamos preparando tres títulos para que vean la luz a lo largo de este año, ofrecemos obras peculiares bien caracterizadas porque incluyen dibujos de grandes artistas como Balthus y Amat o porque se trata de ensayo actual sobre temas literarios atractivos —como Elcoloquio de los perros, de Cervantes, cuyo texto original publicaremos también en /Clá—. Y Letras del vórtice es nuestra particular apuesta por la narrativa actual.

M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Artemisa?

M.M.: Publicamos lo que nos gustaría leer. Nada más. No seleccionamos obras que vayan acompañadas por superproducciones cinematográficas ni textos sobre temas de moda. Nos llegan muchos manuscritos —cada vez más—pero es difícil que pasen la prueba y se publiquen en Artemisa. Sólo aquellas obras —tanto obras de creación como traducciones de clásicos— que nos sorprenden por su originalidad y que nos atrapan acaban formando parte de nuestro catálogo.

M.G.: ¿Cree usted que Artemisa está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?

M.M.: No sólo Artemisa. Hay muchas otras editoriales independientes que emprenden su particular batalla contra las crudas leyes del mercado y apuestan por la publicación de obras con escasa proyección comercial, por la selección de textos de calidad y por las buenas traducciones. Artemisa, como otras editoriales con un perfil similar, se aleja de la literatura fácil y apunta a un lector exigente.

M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Artemisa para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?

M.M.: La única estrategia editorial posible, desde nuestro punto de vista, es hacer buenos libros. Y esa estrategia editorial, acompañada por una buena distribución, se convierte automáticamente en estrategia comercial. Haciendo buenos libros y logrando que se vean en las librerías perseguimos hacernos con un público fiel que se interese por nuestro catálogo.

M.G.: ¿Qué distingue a Artemisa de otras editoriales independientes españolas?

M.M.: Más allá de que Artemisa ponga su granito de arena por la buena literatura, nuestros libros se distinguen especialmente por el cuidado de las ediciones y lo peculiar de sus diseños. Diseños tipográficos, limpios, casi sin imágenes. Aunque nuestras portadas no son comerciales —según los criterios del imperio de la imagen—, nuestras Baskerville se están haciendo un hueco en las librerías y cada vez hay más lectores que reconocen nuestros libros y los alaban por su atrevimiento.

M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?

M.M.: Por lo pronto, nos sorprende que en un mercado editorial tan saturado Artemisa siga existiendo después de casi cuatro años. Habiendo atravesado —y atravesando a diario— vicisitudes de todo tipo, hemos podido seguir adelante gracias a que esta editorial más que una empresa es una forma de vida. El balance es bueno, buenísimo.

M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Artemisa?

M.M.: Te recomendamos que visites http://www.artemisaediciones.com: allí anunciamos todos los títulos que publicaremos de aquí a final de año. No obstante, te recomiendo dos libros que en pocos días estarán en la calle: El socio, un relato atípico de Conrad, y Llamando a las puertas del cielo, la primera novela de Antonio Ansón, cuyo contenido es, si cabe, más sugerente que su propio título.

M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Artemisa?

M.M.: Nos gustaría publicar a Borges, a Cortázar, a Joyce, pero somos conscientes de nuestras posibilidades, de que no podemos hacer frente a gravosos derechos de autor para editar a “los grandes” de la literatura contemporánea. Así es que nuestra mayor baza es la investigación permanente en busca de textos que se ocultan a las grandes editoriales. Paradójicamente, nuestras limitaciones tienen como resultado la posibilidad del hallazgo de “grandes rarezas” de la buena literatura de todos los tiempos. En definitiva, convertimos la necesidad en virtud.

Los venenos del abuelo

Blas Matamoro

ABC (ABC de las Artes y las Letras)

Madrid

https://thecult.es/Cronicas/mis-venenos-de-charles-augustin-sainte-beuve.html

Charles-Augustin Sainte-Beuve es el abuelo de todos los críticos literarios, incluido el firmante. Desdeñado por nuestros padres estructuralistas, sociologizantes, formalistas o historicistas, es recuperado en su arte de leer por sus nietos. Entre ellos, el autor del inteligente prólogo de Mis venenos (Artemisa, 2006), Juan Malpartida, quien hace una semblanza perfilada de él: un continuador de la tradición moralista francesa del barroco, madre de la psicología moderna y de la novela psicológica, alguien que se involucra en la lectura para identificarse y se altera al conservarse como identidad. En este sentido, el maestro conserva y proyecta la figura de la lectura como actividad y participación, dialéctica en tanto diálogo. Leerlo es conversar con él, aguantar sus cabreos, atesorarlos, contradecirlos, tan vivaz es su presencia.

Un autor caudaloso

La obra de Sainte-Beuve es caudalosa y, en su totalidad, difícil de acceder aun en su lengua original. Las traducciones al castellano son escasas y, por consiguiente, resulta especialmente bienvenida una empresa como la comentada. No estaría de más una antología de sus artículos sobre autores puntuales, por ejemplo.

Estos textos fueron escritos para no publicarse, aunque el hecho de que Sainte-Beuve no los hubiera destruido puede desmentirlo. Años más tarde, Kafka reiteró el dictamen y su truco. Se conocieron tardíos y póstumos. Son, como dice Malpartida, una confesión monologada, cuyo escucha y acaso absolvente es quien la lee a pesar del mismo pecador. Tratan de salvar esa crítica oral, oficiosa, «anecdótica, burlona, irreverente», que quiere perdurar frente a la oficial, escrita, consabida, esa que suele morir con sus contemporáneos. Sin mirar a nadie, este cuadro no puede resultar más certero hasta hoy.

Los venenos matan pero también curan, según las dosis administradas. Lo mismo pasa con la literatura o, más ampliamente, con la letra, atributo del animal elocuente y locuaz que somos. Aquí Sainte-Beuve se muestra como lector de impresiones y despacha los vicios y el malgasto de dotes que halla en Victor Hugo, Lamartine, Mérimée, Musset, George Sand, Balzac, Thiers, Guizot y otros menos memorables, sin ignorar sus virtudes y talentos, aunque no son del caso. En todos se encuentra él mismo, reconocido e irreconocible. De otra forma, no hay lectura. Siempre leer es autorretratarse, elegir en el mundo los rasgos del propio rostro.

Punto de conciliación

En esta experiencia como aficionado a su profesión de crítico e historiador, Sainte-Beuve se autorretrata, encontrando un punto de conciliación vivaz y dialéctico entre sus dos tentaciones extremas: hacer la historia natural de la literatura (positivismo) y escribir fisiológicamente como un poeta (romanticismo). No le gustaba su tiempo hablador y libertino. Ansiaba parecerse al Gran Siglo de Racine, Corneille y La Rochefoucault, los jansenistas de Port-Royal y las mujeres sabias, es decir, el barroco conceptista y de enmascarada heterodoxia. Pero se sumergió en la época que le adjudicó la suerte y fue el lírico Joseph Delorme y el sensual aprendiz de suicida de Voluptuosidad. Estas páginas habitadas por agudezas y exabruptos, cotilleos inexcusables y declaraciones de amor, nos acercan a un lector todavía viviente, un ejemplo a seguir sin imitar, una referencia. Un abuelo sagaz y cachondo que supo administrar sus venenos favoritos.

En otro sentido, ayudan, como también apunta Malpartida, a reformular la imagen de Sainte-Beuve y desempolvarla de tópicos perezosos y mal informados. En el caso, subrayando el hecho de que la crítica parte del acto singular, irrepetible de la a lectura, de cada lectura. Ella sola no basta a ser crítica pero sin ella no hay crítica.

 

Conversador incansable

R. B.

El País (Babelia)

Madrid

Se dio a conocer como escritor de ensayos, un género que nunca abandonó. Conversador brillante e incansable, Stevenson trasmitió esa habilidad a sus ensayos. Los trabajos reunidos en este libro fueron escritos entre 1881 y 1884 y publicados en su mayoría en revistas literarias. En el que da título al libro, sostiene que el primer mérito que atrae de las páginas de un escritor son las palabras utilizadas, un raro arte que despierta pasiones y que se encuentra lejos de hallarse presente en todos los escritores. En “Libros que me han influido” señala a Shakespeare y a los personajes de Hamlet y Rosalinda como los que le marcaron poderosamente, seguido en orden de antigüedad del Nuevo Testamento y Hojas de hierba, de Walt Withman, un libro que hizo que el mundo diera un vuelco para él.

 

«Yo, periodista», en Malasaña

Benjamín Prado

El País

Madrid

http://elpais.com/diario/2007/05/03/madrid/1178191466_850215.html

Justo ahora mismo, mientras usted lee las primeras líneas de este artículo, Juan Urbano le prepara un zumo de naranja y un café a su chica capicúa, y al tiempo que sus manos se ocupan del desayuno, su cabeza le da vueltas a una idea del libro que le tiene ocupado últimamente, Mis venenos, de Sainte-Beuve, con la que no está en absoluto de acuerdo. “Si nos dijéramos en alto las verdades, la sociedad no se mantendría en pie ni un instante; se derrumbaría completamente con un espantoso estrépito, como el templo de los filisteos bajo los brazos de Sansón, o como esas galerías subterráneas de las minas y los pasajes peligrosos de las montañas donde no se debe elevar la voz por miedo a las avalanchas”. Se dijo que en eso se equivocaba el temible crítico francés, porque lo que sepulta, calla, encubre, disimula o silencia la realidad de las cosas nunca es la verdad, sino la mentira. “Claro, es que esa certeza de Sainte-Beuve sólo puede ser la de una persona sin amor”, pensó mientras miraba a su dulce Ana salir de la habitación. “Y eso es lo que él fue: un hombre inteligente, culto y con el corazón vacío, que estuvo media vida enamorado de la mujer de Victor Hugo, pero no pudo arrebatársela, y que terminó por reconocer que desde que la tuvo y la perdió era “como esos generales que viven a costa de una gran victoria debida a su estrella mucho más que a sus méritos”.

A Juan Urbano le pareció que en el extremo contrario de ese argumento de Sainte-Beuve estaban iniciativas como la que ha tomado EL PAÍS de crear en su edición digital un espacio llamado “Yo, periodista”, en el que los ciudadanos pueden escribir noticias que hayan visto con sus propios ojos o, como en el caso de los disturbios del barrio de Malasaña, sufrido en su propia piel.

Qué buena noticia para la verdad que se le hayan sumado tantos miles de ojos voluntarios y tantas posibles visiones de lo que ocurre y hay que contar, porque a pesar de todos los aforismos periodísticos que se quieran recordar, también es cierto que en cuanto algo se cuenta se convierte en una ficción, al menos en parte, así que cuantas más versiones de un suceso tengamos, más difícil será que los hechos se vuelvan invisibles o se manipulen. Por poner un ejemplo, ¿qué es lo que ha ocurrido en el barrio de Malasaña? Las cifras hablan de 12 detenidos y 20 heridos el lunes, la mitad de ellos policías y la otra mitad civiles, y de 8 arrestos 65 lesionados el martes, la mayoría con brechas en la cabeza y contusiones. Se habla de cientos de agentes municipales y nacionales en pie de guerra; de pelotas de goma que, en algún caso, llevaban escritos mensajes vengativos; de cargas salvajes, bengalas y palizas propinadas con porras de reglamento; se habla de que el Samur tuvo que instalar un hospital de campaña en la glorieta de Bilbao; se habla, también, de un ejército de jóvenes que celebraban la víspera del Dos de Mayo y que atacaron a la fuerza pública. ¿O fueron atacados por ella? ¿Eran jóvenes que se divertían o eran alborotadores? La represión de jaleo, en cualquier caso, ¿fue proporcionada o abusiva? ¿Las cargas fueron contra los que arrojaban botellas y quemaban contenedores o, como afirman algunos testigos, cayeron sobre cualquier inocente que pasase por las calles de San Vicente Ferrer, Fuencarral, San Bernardo, Alonso Martínez, Noviciado, San Andrés o La Palma, algunos de los frentes en que se celebró la lucha?

A Juan Urbano le gustó leer la crónica escrita por los reporteros espontáneos en las páginas digitales del periódico y también las opiniones a favor y en contra de los policías o los jóvenes que aportaban los internautas. Las puso todas en una balanza, tomó sus riesgos a la hora de decidir qué había pasado y, con la idea básica de que en una sociedad democrática no debieran resolverse los problemas a tiros, aunque se trate de problemas molestos y de tiros de goma, cerró el periódico, volvió a abrir el libro de Sainte-Beuve, subrayó con tinta roja su teoría sobre los peligros de la verdad y le preguntó a Ana si quería ir a dar un paseo por Malasaña. Por qué no ver las cosas con tus ojos, si están tan cerca, y oírlas de labios de quienes las han vivido, que es un modo de defenderse de quienes las tergiversan hasta convertirlas en lo que no son.