Las Encantadas, Herman Melville: libro recomendado por Hotel Kafka

Redacción

Hotel Kafka

http://www.hotelkafka.com

http://libros-recomendados.blogspot.com/2007/02/las-encantadas-herman-melville.html

Hacia 1846, Melville avista las Galápagos, habían pasado dos siglos desde que los españoles al mando de Tomás Berlanga pisaron por primera vez la isla. A lo largo de ese tiempo las Encantadas o Galápagos fueron tierra de piratas, presos, soldados-reyes, reyes-tiranos, balleneros, fugitivos, náufragos, ermitaños; inquilinos que dejaron en la corteza de las islas, cicatrices que el autor de Moby Dick en 1854, reconstruyó para la revista Putnam’s Monthly Magazine. A lo largo de diez cuadros, Melville retrata un enclave que había servido como refugio, cárcel, Estado o laboratorio-estado y tierra de nadie, que había sido tentativa frustrada de todos los asentamientos planeados por el hombre. Cuando Melville llega las tortugas y los perros, fieles supervivientes de los hombres, dominan el archipiélago: “los vestigios de los ermitaños y las cavidades de piedra no son los únicos rastros de humanidad que se encuentran en las islas”. Cartas abandonadas, animales domésticos, caparazones de tortugas, epitafios y tronos de piratas, no fueron claros avisos o un retrato lo suficientemente desolador para los futuros inquilinos que convirtieron las Encantadas en hotel de ricos, hospedaje de noruegos, y en muro de lágrimas. Hacia 1854, Melville, adelantándose a la historia, retrata en Las Encantadas la expulsión del hombre de las Galápagos. Un siglo más tarde la humanidad prescindirá de su deseo de vivir sobre ellas.

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Inédito hasta ahora en español

Gabinete de Prensa

Artemisa

La Laguna

Mis venenos es un compendio de observaciones y pensamientos, redactado hacia la mitad del siglo diecinueve pero publicado en 1926, en el que el crítico por excelencia de la literatura francesa, Sainte-Beuve, deja constancia de su lucidez escéptica. Nadie sale indemne (Musset, Sand, Thiers, Hugo, De Vigny, Lamartine, Gautier, Balzac), ni siquiera él mismo: “Éste es mi arsenal de venganzas: digo la verdad”.

Esta edición, que estará a la venta el próximo 12 de marzo, ofrece por vez primera en castellano una de las obras mayores de Sainte-Beuve.

Fragmento

“El conjunto de observaciones y pensamientos que sigue no debería caer más que en manos amigas, no está hecho para el público; daría una idea falsa de mí y de mis sentimientos. Me atribuiría un aire de misantropía y de negrura que no tengo. Cuando he tenido mal humor, en lugar de hacerlo salir lo he escondido en este cuaderno, sin mostrarlo al exterior. A menudo, esto ha servido para apaciguarme y desahogarme. Luego, algunas veces he encontrado en él observaciones mordaces, demasiado en bruto casi siempre, que pasaban a ser ácidas al suavizarse. Respecto a ciertos retratos que he hecho de algunos hombres, lo que hay en este cuaderno en estado de veneno se ha convertido en color al diluirse un poco. Este cuaderno es pues, para mí solo; sólo yo conozco el uso que puede hacerse de él sin peligro ni falsedad. Publicarlo tal y como está sería hacerme mentir y calumniarme. Así pues, respecto a Thiers, a Villemain, a Guizot y a veinte más, pienso generalmente con mucha más imparcialidad e indulgencia de lo que sería posible imaginar a juzgar por mis humoradas tomadas in fraganti. Y, sin embargo, estas humoradas me son muy útiles luego, cuando quiero escribir y cotejar mis impresiones acerca de estas personas en otros momentos. No he destruido todavía este cuaderno debido a lo útil que me resulta para mis trabajos. Es un fondo de paleta muy negro y cargado, es el fondo del escritorio, un mueble de interior; esto no se exhibe…”

«Mis venenos», de Sainte-Beuve

Manuel Rodríguez Rivero

ABCD las artes y las letras

Madrid

Leo en Mis venenos (publicado por Artemisa, joven editorial tinerfeña), una variopinta recopilación de pensamientos y reflexiones que su autor, Charles Augustin Sainte-Beuve, nunca pensó en dar a la imprenta, una buena descripción de su maniera de crítica literaria: “El placer de conocer las mentes, no regentarlas: un monóculo y no una vara”. El mismo crítico establece como una de sus premisas metodológicas algo que me parece fundamental: “Quiero erudición, pero una erudición controlada por el juicio y organizada por el gusto”. […]

 

Gracias y desgracias del ojo del culo. Francisco de Quevedo

Laura Castro

solodelibros.es

http://www.solodelibros.es/21/02/2007/gracias-y-desgracias-del-ojo-del-culo-francisco-de-quevedo/

Francisco de Quevedo, uno de los principales autores del Siglo de Oro de la literatura española y tal vez el más representativo de los escritores conceptistas, destaca por la aparente contradicción que existe entre sus obras: mientras unas se caracterizan por su gran belleza formal y su tono profundamente reflexivo de corte estoico, otras se definen por el tono jocoso, burlesco, muchas veces irreverente. No obstante, unas y otras contienen una dura crítica a la sociedad de su tiempo y rezuman desengaño ante una humanidad en crisis por la pérdida de los valores morales.

Amigo de las agudezas del ingenio, que le valieron ser encarcelado, Quevedo escribió estas Gracias y desgracias del ojo del culo, cúlmen de su gusto por lo impúdico y obsceno. El maestro del conceptismo, da una vuelta de tuerca en sus obras burlescas al tomar la realidad y sumergirla, no ya en el sarcasmo más corrosivo, sino en la degradación más absoluta. Mientras otros tienden hacia el ideal, Quevedo busca lo más crudo de la realidad humana para pisotearlo y enfangarlo.

Desengañado y cruel, gusta de reírse y ensalzar aquello de lo que los demás prefieren apartar la vista. Quevedo, por el contrario, lo señala con el dedo, lo toma entre sus manos y lo pone ante los ofendidos ojos de los que pasan por bienpensantes. Tal vez por despecho, tal vez por poseer una mente más lúcida, incapaz de engañarse a sí misma, se obstina en recrearse en los detalles más sórdidos, pero retratándolos siempre con un humor vitriólico y mordaz.

Como muestra, valgan algunas de las desgracias del ojo del culo:

“Va el otro narciso, pisaverde a pie por la calle en tiempo de todos y por más cuidado que pone en las chinas o piedras que están descubiertas para asegurar los pies y andar de guija en guija, resbálase el pie y hace pedazos el pobre culo y de más a más se hace una plasta de todo lo que coge de pies a cabeza.”

“Viene el otro picarón a sentir el calor del verano y porque yéndose a rascar la comezón de una ladilla frisona le estorbó el matarla una horrenda población de pendejos que topa hacia el culo, determina de matarlas con unas tijeras y teniendo las manos torpes y no ver lo que hace ni poder sufrir más el ser puerco abre a tijeretazos el pobre culo.”

“Dale al otro una apretura en la calle o cógele en la comedia, sale con priesa a buscar donde desbuchar, y porque no llegó tan presto a las necesarias o le embarazó algún nudo ciego emplástase o embadúrnase de mierda el pobre culo.”

«Retorno a las Encantadas»

José Luis de Juan

La Opinión de A Coruña (Saberes)

A Coruña

Fue Cristóbal Serra que nos descubrió hace ya muchos años un libro tan formidable como Las encantadas. Esta nueva versión me ha hecho pensar en si de veras leí el mismo libro, pues me ha parecido ahora más largo y menos poético. Quizá Cristóbal Serra cambió algo (lo que me parecería muy bien) o simplemente la memoria hace estos tricks, lo que me parece asimismo bien. En cualquier caso, Melville trazó con mano inspirada un paisaje real e imaginario en Las encantadas. Y sobre todo, añadió al gran libro mitológico de las islas una página dorada, un mundo fértil e inagotable.

La isla como metáfora de la existencia, de su soledad y abandono, de su dureza y alucinación; es decir, como símbolo de la escritura y del poder de la memoria para resistir la tentación de dejar de contar los días, de hacer una incisión en la roca o en el tronco, cada vez más débil: todo eso está en este libro. Y mucho más, porque esta crónica de un paso por el archipiélago de las Galápagos, que data de mediados del XIX, se puede convertir ahora en profético, a tenor de los augurios de desastres debidos a la basura gaseosa arrojada a la atmósfera. ¿No pueden a su vez las Baleares llegar a ser parte de “ese mundo caído en desgracia” del que nos habla nuestro escritor de Nueva York, el mismo que un día decidió dejar de escribir? Melville escribía para el futuro o para siempre, por eso también él cayó en desgracia y murió pobre y desengañado.

Diez “cuadros” o “escenas”, como un decálogo de las islas insufribles, componen este libro prodigioso. Melville se informó y vio, habló con capitanes y marineros, tocó las tortugas, experimentó la sed y el embrujo de un paisaje “plutónico” y luego, en su casa de Massachusetts, cuando todo aún parecía ir bien y él podía encerrarse en su habitación sin hablar con nadie durante días para escribir, volcó todo lo que sabía, lo que intuía, lo que vendría. Sólo los desafortunados se acercaban a esas islas y sólo los que aprendían a ser como galápagos lograban sobrevivir. El arranque del primer cuadro es de una pericia y una fuerza extraordinarias y revela lo que vendrá después: “Pensad en veinticinco montones de ceniza diseminados, aquí y allá, por un solar de las afueras de la ciudad; imaginad que algunos son tan grandes como montañas y que el descampado es el mar, y tendréis una idea exacta de la apariencia general de Las Encantadas”.

Bucaneros, islas que son como castillos de roca, personajes quiméricos como Oberlus y el rey de los perros, la touchant historia de Hunilla, la viuda chola, reflexiones antropológicas y sobre los animales, este libro trata sobre unas islas perdidas pero para muchos lectores será como un continente descubierto. Una leve filosofía de la existencia palpita en estas páginas. Y lo que apreciamos más es la ausencia de algo tan moderno como la grandilocuencia. Melville es directo y ameno, sabe que narrar es llevar a lector por un camino que enseguida llega a un promontorio, un mirador, donde el que escribe deja que sea el que lee que encuentre las palabras acerca de lo que ve, palabras que ya estaban dentro de su cabeza y que el narrador ha ordenado. Palabras con eco que evocan imágenes que el lector guarda en la memoria de su imaginación y que de repente saltan y se muestran. Y entonces cada escena resulta diferente para cada lector, el escritor deja en completa libertad, una virtud ya extinguida. Es como el roque de Redondo, del que dice Melville: “mientras que nosotros sabemos que Redondo es un roque estéril y desierto, otros marineros juran que es un alegre buque cargado de tripulantes”.

Corazón al azar

Winston Manrique

El País (Babelia)

Madrid

http://www.elpais.com/articulo/ensayo/Corazon/azar/elpepuculbab/20070217elpbabens_17/Tes

En La vorágine (1924), una de las mejores novelas latinoamericanas por estilo e influencia, el colombiano José Eustasio Rivera trenzó una doble exploración: el amor entre Arturo y Alicia y el de su viaje a la Amazonia que les revela su belleza y crueldades. Ello en un estilo entre romántico, naturalista y directo. Esta edición cuenta con un gran prólogo de Juan Manuel García Ramos.