Soplo

Francisco Calvo Serraller

El País (Babelia)

Madrid

http://www.elpais.com/articulo/arte/Soplo/elpepuculbab/20060211elpbabart_9/Tes/

Muy importantes en otro tiempo, las novelas de aprendizaje o iniciación en la vida, que los alemanes bautizaron con el nombre de Bildungsroman, son cada vez más raras. Desde luego, toda obra artística genuina es un precipitado de la experiencia vivida, pero en el género especial de novela o relato antes remarcados predominaba la intención didascálica, sustanciándose esta enseñanza, no pocas veces, como la relación entre un maestro y un discípulo, lo cual no dejaba de ser un reflejo del pensamiento tradicional para el que la transmisión del saber, y no sólo el conocimiento, era humanamente crucial. La creciente imposición de la técnica como modelo dominante de pensamiento, con su adoración por la novedad y su grosero pragmatismo, ha roto esa cadena de sucesiva confianza en el saber en todos los órdenes de la existencia y, como no podía ser menos, también en el arte, motivo por el que no me extraña que ahora se hable tanto de su muerte con más o menos jovialidad.

Hay, claro, excepciones, como La oscuridad (Artemisa Niké), del francés Philippe Jaccottet, publicada originalmente en 1961 y ahora traducida al castellano, o El legado de Humboldt (Debolsillo), del estadounidense Saul Bellow, cuya primera edición data de 1973 y que ahora aparece en nuestra lengua en formato de bolsillo, siendo ambos relatos de narración de las relaciones, no sólo entre un maestro y un discípulo, sino ahormadas por la transmisión de una sabiduría artística. En realidad, la intriga de estas dos novelas está cortada por el mismo patrón del paso de la admiración sin entregas de un discípulo al posterior y casi inevitable aprendizaje de la decepción, pero sin que ésta no deje un poso de reencuentro final, no tanto con el maestro, sino con su enseñanza. Al final de La oscuridad, el narrador, que se presenta como el discípulo, simplemente apunta lo siguiente: “No he dejado de respirar; no dejo de oír algo que respira delante de mí por la noche. No puedo decir más. El verdadero amor es un soplo del que diríamos que no puede interrumpirse”.

Etimológicamente, “maestro” procede del latín “magister”, que significa, en primera instancia, “director”, pero del que no cuesta identificar que es un compuesto del también latino “magis”, “más”; o sea: que maestro es el que tiene la facultad o el poder de aumentar nuestro caudal. Aunque “discípulo” se origina también del latino “discipulus”, su descomposición terminológica nos remite, según creo, a “disco”, que es lo que gira alrededor o, si se quiere, lo que se pone en órbita. En el fondo, por tanto, maestro y discípulo giran por igual en torno al saber que los trasciende, lo cual es como reconocer que la sabiduría es una energía que traza siempre una parábola, cuyo movimiento nos reenvía al origen: el alumbramiento de la oscuridad.

El eufórico momento de admiración del discípulo por el maestro se produce cuando, a través de la enseñanza de éste, aprecia el maravilloso legado de la vida, pero aún debe de cruzar y sobreponerse al negro aprendizaje de cómo ésta es inseparable de la muerte. Éste es el soplo de la sabiduría, un soplo que, como la respiración, no puede interrumpirse, al menos mientras haya algo de vida en el cosmos.

Presentación de «Ciudad propia» en La Central

Gabinete de Prensa

http://www.lacentral.com

Barcelona

Artemisa ediciones y La Central les invitan a la presentación del libro Ciudad propia. Poesía autorizada, de Francisco Ferrer Lerín. Intervendrán: Félix de Azúa, Carlos Jiménez Arribas, Javier Ozón Górriz, el editor Ulises Ramos y Francisco Ferrer Lerín. El acto de presentación tendrá lugar el jueves 8 de febrero a las 19.30h en La Central del Raval.

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Félix de Azúa presentará «Ciudad propia», de Francisco Ferrer Lerín, en La Central del Raval

Gabinete de prensa

Artemisa Ediciones

Barcelona

Artemisa Ediciones y La Central le invitan a la presentación del libro Ciudad propia. Poesía autorizada, de Francisco Ferrer Lerín.

Intervendrán Félix de Azúa, Carlos Jiménez Arribas, Javier Ozón Górriz, el editor Ulises Ramos y Francisco Ferrer Lerín.

El acto de presentación tendrá lugar el jueves 8 de febrero, a las 19h30, en La Central del Raval (Elisabets, 6, Barcelona).

Fama del día seguido de Escrito en Arrieta

Túa Blesa

El Mundo (El Cultural)

Madrid

http://www.elcultural.es/Historico_articulo.asp?c=16465

La exaltación de la naturaleza y, más en concreto, el “poblar las islas de alusiones” es el propósito del poeta canario Melchor López (1965), autor de varios libros, de los que Oriental (2003) es el más reciente, y representado en varias antologías de los últimos años.

Acorde con ese presupuesto, la mirada en estos poemas se dirige preferentemente al paisaje y nombra el sol, el mar, el aire, las arenas y rocas, esto es, los elementos primigenios, y son ellos los que, a modo de la musa clásica, dictan o iluminan la escritura: “Háblame viento” o “el blanco de la arena en esta noche / satura por completo, cegador, / con su luz esta página”. La voz, pues, está entregada a lo elemental y su tonalidad no podría ser otra que la del canto, pues el sujeto ha quedado ebrio ante la naturaleza y su decir viene a ser la traducción de su discurso secreto. No por ello desaparece el sujeto. No sólo está ahí en cuanto es el testigo asombrado que da nombre al murmullo del mundo, sino que aparece inscrito inserto en el paisaje, ya sea como nadador, ya se nombre a un joven que se metamorfosea en gaviota, etc. y, sobre todo, porque tiñe con sus emociones el discurso. El peligro de caer en un localismo de corto alcance queda conjurado en estos poemas por la dimensión cósmica que cobra la palabra, mítica -“un caballo será visto como un unicornio”, por ejemplo- cumpliendo así con brillantez ese presupuesto confesado de “poblar las islas de alusiones”.