De arqueología canaria: El poblamiento de las Islas y la identidad guanche

A. José Farrujia de la Rosa

El Día

Santa Cruz de Tenerife

Quiénes arribaron y colonizaron las Islas, cuándo y cómo lo hicieron, y desde dónde vinieron, son los cuatro grandes interrogantes que, en relación con el tema del primitivo poblamiento humano de Canarias, se han intentado resolver desde el redescubrimiento de las Islas en el siglo XIV. Ello ha supuesto, por qué no decirlo, el desarrollo de innumerables hipótesis de doblamiento que, en el fondo, han contribuido, en muy buena medida, a enredar el tan controvertido tema de la primera colonización insular. Y lo verdaderamente significativo es que la gran mayoría de los juicios emitidos sobre este particular en la tradición historiográfica desarrollada entre los siglos XIV y primera mitad del XX, se efectuaron a partir de discursos y criterios ideográficos, simbólicos y politizados que, por tanto, fueron fruto de la construcción social antes que de las propias evidencias arqueológicas o empíricas. Es decir, la imagen (tanto física como cultural) de los indígenas canarios fue inventada en el siglo XIV, tras el redescubrimiento del Archipiélago, y fue evolucionando y cobrando distintas formas y apariencias hasta mediados del siglo XX. Sólo así podemos entender por qué los indígenas canarios pasaron de ser los descendientes de Noé, a convertirse en los supervivientes de la Atlántida, para luego ser emparentados con los egipcios, celtas, iberos, vándalos, armenios, cananeos, fenicios, libios, romanos y un largo etcétera de posibilidades, hasta llegar a transformarse, durante el régimen franquista, en los representantes insulares de las culturas norteafricanas ibero-mauritana e ibero-sahariana. Los referentes identitarios manejados por los distintos historiadores o arqueólogos, no obstante, también han implicado el concurso de la categoría o tipo racial, especialmente desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante, por lo que los indígenas canarios han sido catalogados, igualmente, a partir de sus similitudes antropológicas con la raza Cro-Magnon, con la raza semita, con el tipo Mediterranoide, Armenoide, Nórdico, etc., con todas las implicaciones no exclusivamente arqueológicas o antropológicas que de ello se derivaban. En este sentido, reconstruir el concepto de raza “guanche” no es hablar de una antigualla decimonónica, es hablar de las interconexiones entre ciencia, poder e ideología que atraviesan los dos últimos siglos de la historia canaria.

Frente a este panorama aquí descrito, la mirada hacia atrás con vistas a recuperar y analizar la documentación recogida sobre los indígenas en la historiografía precedente (crónicas, relatos de viajes, memorias o primeras historias generales), se ha hecho exclusivamente a modo de nuevos relatores, compiladores o eruditos. Nunca se ha pretendido buscar una explicación al porqué de las cambiantes identidades culturales y raciales de los indígenas canarios, al porqué de la vigencia de determinados modelos de poblamiento y, por supuesto, tampoco se ha ahondado en el conocimiento del pensamiento, de las teorías ni de los contextos sociales que dieron sentido a toda esta serie de opiniones vertidas por los distintos autores, ya fuesen historiadores o arqueólogos. Nunca se ha examinado la forma en que se ha constituido el saber o conocimiento científico, ni tampoco cuáles han sido los “a priori” históricos sobre los que han podido aparecer las ideas, y por ende, las distintas identidades barajadas para los indígenas canarios. Consiguientemente, al abordarse el tema del poblamiento, se ha venido desarrollando una historia narrativa, acrítica y ateórica que no ha tenido en cuenta la propia historia de la arqueología canaria. Y ello ha implicado, forzosamente, que se obviara sistemáticamente el análisis del discurso precedente, de la información contenida en la tradición historiográfica precursora.

A partir de este silencio o conocimiento sesgado, muchos investigadores han pretendido ofrecer nuevas respuestas con vistas a resolver el enigma del primer poblamiento humano de Canarias. Es decir, a partir de un estado de conocimiento acumulado, pero encubierto, se ha comenzado a desarrollar un nuevo discurso, no teniéndose en cuenta, en definitiva, que la realidad es siempre aprehendida mediante tradiciones culturales establecidas, que los cambios sociales y económicos no impactan sobre una materia prima humana inerte o sobre una mente en blanco, sino sobre unos individuos portadores de valores culturales y provistos de un patrimonio simbólico acumulado. Es decir, ante este panorama, se hace necesario descifrar cómo se han originado las distintas teorías que se han vertido sobre el primitivo poblamiento de Canarias, y cuáles son los pilares sobre los que se ha sustentado el actual conocimiento científico. Ello nos lleva a plantear toda una serie de interrogantes, tales como: ¿podemos seguir considerando como válida la leyenda de las lenguas cortadas a la hora de explicar la primitiva colonización de las Islas?; ¿es verídico el relato de la Atlántida y, por tanto, es factible la identificación de los indígenas canarios con los atlantes?; ¿por qué los indígenas fueron relacionados con las poblaciones celtas por los autores franceses del siglo XIX (caso de Sabin Berthelot); ¿por qué los autores alemanes de ese siglo (caso de Felix von Luschan) emparentaron a los antiguos canarios con los armenios o con los indoeuropeos?; ¿ha afectado el pleito insular, desatado a principios del siglo XX, a la configuración de la identidad guanche?; ¿por qué algunos miembros del Partido Liberal tinerfeño (caso de Juan Bethencourt Alfonso) defendieron la existencia de una civilización atlántica en Canarias, de carácter ibero-celta?; ¿es posible hablar de la presencia de pobladores neolíticos en Canarias?; o ¿por qué durante el franquismo los indígenas canarios pasaron a ser relacionados con las culturas ibero-mauritana e ibero-sahariana, ubicándose su foco de origen en el Sahara español o en el Río del Oro, y rompiéndose la relación con la raza de Cro-Magnon de procedencia francesa?

A tenor de toda esta serie de interrogantes aquí expuestos, resulta evidente que sin el conocimiento de los discursos y de los dispositivos simbólicos implícitos en la temática y problemática del poblamiento, difícilmente se podrá ahondar en nuevas vías de investigación y difícilmente se podrán resolver problemas aparentemente novedosos pero ya planteados por la investigación precedente. Este es el caso de la referida leyenda de las lenguas cortadas, difundida a partir del siglo XIV y recientemente retomada al explicarse la colonización de las Islas; o el caso de la opción fenicia, barajada a finales del siglo XIX, y también retomada hoy en día al abordarse el fenómeno colonizador.

En otras palabras, el estado actual de la arqueología no puede ser considerado con independencia de sus etapas anteriores. La arqueología estudia el pasado desde el presente, pero el arqueólogo no debe olvidar que el presente está marcado y condicionado por las investigaciones precedentes, y que el conocimiento arqueológico de hoy constituirá una de las muchas arqueologías pasadas en una o dos décadas. Es decir, sin unos planteamientos teóricos previos y sin un marco historiográfico referencial consecuente, la investigación arqueológica, a pesar de la utilización de procedimientos técnicos más o menos avanzados, puede entrar, sin darse cuenta, en el terreno de la simple erudición local (insular o regional) y distanciarse de la órbita universal de los conocimientos. Es precisamente por toda esta serie de argumentos aquí aducidos por lo que resulta imprescindible hacer historia de la arqueología. Baste señalar, en este sentido, que ya en otros ámbitos de la ciencia se ha demostrado suficientemente la importancia de conocer el pasado de la propia disciplina y el contexto histórico y político en que surgieron y se desarrollaron las diversas teorías para comprender el estado actual de la investigación, pues la ciencia no es algo objetivo y aséptico, ni su práctica inocente. Es más, habría que destacar una nueva comprensión de la arqueología como disciplina integrada en un marco histórico global, y por tanto inseparable de los estudios político-culturales de cada época. Por esto, la historia de la arqueología no se entiende fuera del contexto general de las formas sociales y las ideas de cada momento. Sólo así podremos entender, parafraseando a Fernando Estévez González, por qué los indígenas canarios son lo que queremos que sean, lo que quisimos que fueran, pretendiendo ver en el pasado la confirmación de nuestras visiones de hoy. De sus diferentes negativos queremos obtener nuestra propia imagen en positivo. En otras palabras, el pasado y los bienes arqueológicos han sido utilizados frecuentemente para legitimar o simbolizar determinadas ideologías políticas y, evidentemente, los guanches -desde la distancia- han sido “espectadores” atónitos de esta práctica discursiva.

Olga Rivero: «Algunos no me entienden porque no les da la cabeza para más»

Raúl Gorroño

El Día

Santa Cruz de Tenerife

http://www.eldia.es/2005-01-06/cultura/cultura1.htm

La escritora lagunera, un manojo de sinceridad y bondad que utiliza la prosa poética para expresar sus deseos, sentimientos y frustraciones, acaba de publicar la obra Poesía inédita (1977-2004), una recopilación de más de cuatrocientos poemas que será presentada el próximo 13 de enero en el Ateneo.

Olga Rivero Jordán escribe casi desde que empezó a leer. Ahora, a sus ochenta años, sigue trasladando al papel (y al ordenador) todo ese cúmulo de experiencias y sensaciones que deambulan por su mente y comparte con los demás, imágenes y símbolos recogidos, en parte, en sus tres últimas obras: La ciudad soñada, publicada por la editorial Benchomo; La imaginista de sueños, por el Instituto Canario de la Mujer y la más reciente, Poesía inédita. (1977-2004), por Artemisa Ediciones.

Esta sincera y activa poeta, que ya acaricia la edición de otros tres nuevos poemarios, que se titularán Mares, Amagas los valles y El sentir de la hoguera, asegura que no puede vivir sin escribir, inquietud que la mantiene alegre y jovial, aunque reconoce que, a veces, le domina la tristeza.

Olga Rivero está acostumbrada desde la niñez a hacer partícipes a sus semejantes de esos sentimientos y reflexiones personales, llenos de sabiduría y naturalidad, que hila con un inconfundible “lirismo simbolista y enigmático”, como asegura Marian Montesdeoca, prologuista de la obra Poesía inédita, que se presentará el próximo 13 de enero en el Ateneo de La Laguna.

La sinceridad es una de las cualidades que definen la personalidad de esta escritora, quien reconoce que “hay personas que me están fastidiando, pero lo voy apaciguando poco a poco. No sé si es por ser mujer, o por ser mayor, pero te van arrinconando. Llevo 32 años escribiendo y ningún estamento lo ha reconocido. Si quieren hacerlo que lo hagan ahora, no cuando haya muerto”.

Ella recuerda con nostalgia, aunque le falla la memoria con algunos nombres, la época en la que participó en sus primeros recitales poéticos en la Isla, cuando personajes como García Cabrera le dijeron: “así se escribe, sigue escribiendo”, o Casanova de Ayala: “aquí tenemos a una segunda Alfonsina Storni”.

Ella siguió al pie de la letra aquellas recomendaciones que la animaron, y hoy en día es autora de una prolífica producción todavía inédita, gran parte de la cual conforma esta antología que reúne una selección de más de cuatrocientos poemas de varios periodos. “No están todos, pero casi siguen un orden cronológico”.

Hay que leer más

Esta asidua lectora, que cuando era joven prefería quedarse en casa en vez de ir a las fiestas para descubrir nuevos autores y estilos literarios, confirma que hoy en día se lee muy poco. “La gente no lee mucho. Primero le gusta una copita o una cerveza, y me parece bien, pero también que se lea”.

Ella en cambio decidió consagrarse a la lectura “desde muy pequeñita. Mi estudio fue la lectura. Leer, leer, leer. Siempre, incluso sin saber escribir, quise hacer algo creativo: quería ser artista, o cantante de ópera, o pianista, o actriz” (ríe abiertamente).

Olga Rivero está muy satisfecha con la publicación de Poesía inédita, porque, según confiesa, “pensaba que yo ya no iba a vivir mucho, porque me encontraba un poco mal. Entonces me animé a reunir todos estos poemas, unos mejores y otros peores. Quería que esto saliera, porque me quedo más tranquila. He incluido distintas cosas para que sepan cuál es el principio de una escritora”.

La prosa poética de esta autora, que también ha escrito las obras Los zapatos del mundo, Las llamas rápidas de la sangre y Girándula, es un claro reflejo de sus sentimientos puros.

“Es algo que sale, lo llevo en el cerebro y fluye, pero no de forma automática como me decían al principio. A veces sale surrealista, simbolista, o realista… Lo que es verdad es que no puedo dejar de escribir, es como el que se bebe un vaso de agua…”

También reconoce que los temas de sus escritos son el espejo de sus sentimientos. “Los contenidos son los que salen: el erotismo, la pasión, la rabia, el amor, la imposibilidad de realizar algunos deseos… Son ideas poéticas totales que salen de repente, aunque algunos no me entienden porque no les da la cabeza para más”.

Ella está segura de que la originalidad y la fantasía que transitan por su obra se deben, en parte, a las musas que la están rodeando continuamente, “hasta de noche, en sueños, siento que me tocan. Me levanto y sueño con la poesía”.

Soñar y fantasear

Olga Rivero es muy romántica, le gusta soñar y fantasear porque le hace feliz, aunque esta actitud no impide que sea crítica con lo que considera que está mal en la sociedad, como lo que le hicieron a su padre, que era socialista, durante la guerra civil: “Le quitaron todo. Era pequeñita y lo pasamos mal. Aun así, leía mucho. Buscaba resquicios dentro de mi alma para leer, pero se pasaba hambre. A pesar de todo creo que en aquella época había más humanidad, ahora hay más materialismo, cada uno va a lo suyo”. A pesar de aquellas carencias que padeció, esta poeta recuerda con cariño cómo cuando era niña subía encima de una mesa y recitaba poemas a dos pájaros que tenía en una jaula en su casa. Muchos de estos recuerdos y sentimientos están presentes en Poesía inédita (1977-2004) y en sus anteriores obras, cuyos valores poéticos fueron exaltados por prologuistas como Carlos Pinto Grote, Isaac de Vega, Agustín Díaz Pacheco, Roberto Cabrera y Marian Montesdeoca, entre otros que supieron captar la esencia de su sincera voz.