La ciudad se reconoce a sí misma con la avidez de los amantes

Redacción

El Día

Santa Cruz de Tenerife

“Un aire cálido y antiguo inundaba la sala alta del café aunque fuera quería llover. La ciudad mortecina seguía devorándose, alimentándose de sí misma, mirándose en el vidrio borroso de su propio espejo, reconociéndose diariamente como hacen los amantes mientras lo son. Simón de Soto leía el periódico esperando que su café se enfriase mientras inhalaba poco a poco aquel aroma oscuro de piel mestiza. La estancia era abarcable desde su sillón. La cortina de papel le permitía cierta inmunidad en la indagación y Simón de Soto controlaba secretamente las bebidas de los demás, las marcas de tabaco, el color del calzado y la muñeca en la que llevaban sus relojes. Las frecuentes subidas del camarero con su bandeja. Y aquella mujer turbadora…” De momento es una obra que no dejará indiferente a ningún lector.

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Cuentos neuróticos, de Juan Manuel Lobo

Sabas Martín

RNE (Los libros en Radio 5, Radio 5 todo noticias)

Madrid

Con el título de Cuentos neuróticos, Juan Manuel Lobo nos ofrece cuatro relatos dominados por un feroz sentido del humor, próximo al absurdo en ocasiones, en donde se refleja la complejidad de la naturaleza humana y lo intrincado de las relaciones con los otros. Nacido en Guipúzcoa en 1959, Juan Manuel Lobo se estableció a principios de los años 70 en Santa Cruz de Tenerife tras pasar parte de su infancia en el Sahara. Cuentos eróticos, que ve la luz en Artemisa Ediciones, es su primer libro publicado.

Cuentos neuróticos, de Juan Manuel Lobo, puede considerarse como un pequeño tratado de obsesiones maniáticas que lindan con lo patológico. Un hombre que quiere dejar herméticamente cerrado su coche, la preocupación por dejar bien apagada la última colilla antes de salir de vacaciones, las dificultades para poder ver un video porno en ausencia de la esposa y la repulsión a las cucarachas en una noche de bodas, son los cuatro motivos anecdóticos sobre los que giran los relatos de Juan Manuel Lobo. A partir de ellos, construye toda una secuencia narrativa cuya tensión se desarrolla en progresión creciente hasta desembocar en inesperados e hilarantes desenlaces. En su mayoría escritos en tiempo presente, este recurso hace que la acción de los relatos aparezca próxima e inmediata para el lector que queda inmerso en el vértigo de los acontecimientos. Partiendo de elementos de la cotidianeidad, Cuentos neuróticos construye una bienhumorada visión de los mecanismos mentales que configuran el retrato interior de algunos individuos, caracterizando una personalidad que, tras una apariencia inocua, oculta tendencias anómalas. Juan Manuel Lobo aborda con humor unos episodios en donde resuenan con acierto ecos del Teatro del Absurdo de un Alfred Jarry o las complicadas peripecias de algunos “cronopios” cortazarianos. Tras la risa que desborda sus relatos, Juan Manuel Lobo nos advierte con estos Cuentos neuróticos de los irracionales comportamientos que acechan dentro de la naturaleza humana, dispuestos a revelarse como explosivos mecanismos de relojería.

Habitada por una sorda angustia que casi corta el aliento

Redacción

El Día

Santa Cruz de Tenerife

“Rebusco ideas -escribe Marian Montesdeoca-. Escruto mis papeles, mi montón de cuadernos de distintos tamaños con tapas de diversos colores en los que intento escribir vidas distintas que nunca concluyo. Están por todas partes, dentro de cajoneras de ropa, detrás de los sofás de la sala, en las alacenas de la cocina, e incluso en estantes ordenados. Repito y repito el mismo ritual con riguroso esmero. Me siento en una de las sillas de la habitación y empieza a habitarme una angustia que me atora el aliento haciéndome alzarme y avanzar agarrado de la almohadita que estaba sentada en la silla antes que yo. Observo primero las paredes de la casa, una amarilla y otra roja, pero rojo teja, otra verde verde. Los colores me angustian un segundo y el mareo me interrumpe para que trague saliva. Me siento en otra silla, fuera de la habitación…”